Donald Trump empieza a recoger las tempestades causadas por los vientos que sembró. Tras iniciar durante su primer gobierno el debilitamiento político y militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), tarea que intensificó durante el mandato en curso poniendo a Estados Unidos junto a la puerta de salida de la alianza atlántica, ahora reclama su ayuda pero recibe una respuesta negativa.
El primer ministro británico fue uno de los más denostados por el jefe de la Casa Blanca, y uno de los primeros en recibir el llamado desde Washington pidiéndole que envíe buques de guerra al Estrecho de Ormuz para impedirle a Irán continuar con el estrangulamiento de la yugular del petróleo.
“El Reino Unido no se dejará arrastrar hacia una guerra más amplia”, dijo Keir Starmer. El líder laborista explicó que Europa trabaja para encontrar una solución que evite una crisis energética mundial, pero aclaró de manera contundente que esa solución “no será, y nunca se pensó que lo sea, una misión de la OTAN”.
También Polonia, España y Alemania rechazaron de manera contundente el pedido de Trump para que la alianza atlántica se sume al esfuerzo militar para destruir el bloqueo que Irán está imponiendo en el estrecho que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo. A ese rechazo se sumaron otros dos viejos aliados de Washington que desaprueban esta guerra: Japón y Australia.
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En la misma jornada en la que el presidente ultraconservador de Estados Unidos se encontró recogiendo las tempestades de los vientos que había sembrado al deteriorar sostenida y sistemáticamente el histórico vínculo con Europa y otros aliados, en los mercados impactó positivamente el paso de un buque cisterna con petróleo de Abú Dabi por el Estrecho de Ormuz.
Pero lo que fue una buena noticia para los mercados no lo fue para Trump, porque demuestra que los países petroleros árabes empiezan a negociar con el régimen iraní para obtener permiso de tránsito y, por cierto, la teocracia chiita obtendrá algo a cambio. En principio, lo que obtiene es la aceptación árabe de su control total sobre el estratégico paso y también hacerlo visible a nivel mundial.
El rechazo europeo a su pedido de involucrar a la OTAN, demostrando que Estados Unidos necesita a la alianza atlántica mucho más de lo que considera el magnate neoyorquino, es una de las señales preocupantes que recibió la Casa Blanca. La otra señal a contramano de sus discursos triunfalistas, es que la guerra ha entrado en su tercera semana con el régimen aún en pie y manteniendo su estrategia de generar la crisis energética mundial que se sume al caos en la economía global que ya está ejerciendo una presión muy fuerte sobre Trump para que declare cuanto antes un cese el fuego con sabor a fracaso.



