En tiempos recientes hubo un sólo caso de traición partidaria y salto ideológico impresentable similar a lo que hizo Delcy Rodríguez con Nicolás Maduro, de quien era su vicepresidenta y al que traicionó de manera vergonzosa aunque a muy pocos venezolanos le doliera la caída y encarcelamiento de ese dictador chavista.
Aunque menos turbulenta y de manera más gradual, Dina Boluarte traicionó a quien encabezó la fórmula presidencial izquierdista que la convirtió en vicepresidenta. No sólo favoreció el derribo del incompetente Pedro Castillo, sino que para sostenerse ella frente al entramado conservador que estaba traba todos los gobiernos que no son de derecha dura, Boluarte se alió al fujimorismo y demás fuerzas obstruccionistas del conservadurismo más oscuro.
De ese modo, quien llegó a la vicepresidencia y luego a la presidencia como dirigente del partido marxista Perú Libre, acabó haciendo un gobierno duramente derechista y reprimiendo brutalmente las protestas en su contra.
+MIRÁ MÁS: Con la fórmula con que venció al padre, Lula busca vencer al hijo
El doce de abril los peruanos votan nuevo presidente y otra vez se produce la sobredosis de candidaturas que hace nacer débiles a todos los gobiernos de las últimas décadas, porque quedan a merced de los contubernios urdidos en el Congreso entre fuerzas opositoras abocadas a tumbar presidentes.
En particular, Fuerza Popular, el partido fujimorista que lidera Keiko Fujimori, está siempre en la vereda de los complots parlamentarios. Para que lo dejen gobernar, Pedro Pablo Kuczynski pactó con ella el indulto al ex dictador Alberto Fujimori, pero no eso lo salvó de las posteriores obstrucciones y su posterior renuncia acuciado por intentos de destitución.
Por su larguísima experiencia en el terreno empresarial y como ministro en los gobiernos de Fernando Belaunde Terry y de Alejandro Toledo, Kuczynski fue uno de los funcionarios más preparados en llegar a la presidencia, pero también naufragó en los lodazales creados por la empresa brasileña Odebrecht y por el accionar extorsivo del fujimorismo y o otras fuerzas del conservadurismo.

En las elecciones del 12 de abril, los dos candidatos mejor posicionados en las encuestas, aunque con apoyos muy bajos, son Keiko Fujimori (11% de intención de votos) y el candidato del partido ultraderechista Renovación Popular, Rafael López Aliaga (con entre el 9% y el 10%). Que dos fuerzas dedicadas a la extorsión parlamentaria durante años, diriman la presidencia en la segunda vuelta, resulta a simple vista desolador.
También sería desolador que, con Keiko o con López Aliaga, quien pase a la segunda vuelta el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos Por Perú, quien colecciona denuncias y opacidades en su carrera política.

Con muchas menos manchas en su legajo político está el candidato de la centroizquierda, Alfonso López Chau, quien de momento aparece tercero en las encuestas con un 6% de la intención de voto.
Él es quien convoca a los peruanos a votar consientes de no darles a lo que considera “mafias conservadoras” ni el gobierno ni el poder de obstruir al gobierno que surja de las urnas.
Entre los 35 aspirantes a la presidencia, López Chau y el centroderechista Jorge Nieto son de los pocos que muestran más sensatez que codicia y salvajismo político.
Las urnas empezarán a hablar el 12 de abril, revelando que aprendieron y que no los votantes en una década de sismos políticos tumbando presidentes.



