Que León XIV vaya a visitar la Argentina es un mensaje para todos los argentinos y, en particular, para toda la clase dirigente. Que incluya Argentina en los primeros tramos de su pontificado, le muestra a los argentinos la gravedad de que su antecesor, Jorge Bergoglio, no haya podido hacer lo que hicieron sus dos antecesores. Karol Wojtila visitó Polonia y Joseph Ratzinger visitó Alemania, pero el Papa Francisco no pudo visitar su país en ningún momento de su pontificado. Y la razón fue “la grieta”, o sea la feroz polarización iniciada por el kirchnerismo y continuada por el actual gobierno.
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La visita del Papa es una gran noticia para el país pero no lo es para el gobierno. Ocurre que León XIV expresa lo contrario a lo que se empeña en expresar Javier Milei. Empezando por lo que el jefe de la iglesia quiere resaltar desde el nombre pontificio que eligió: la valoración y vigencia de lo actuado por el Papa decimonónico que en 1891 promulgó la Rerum Novarum, primera encíclica de la iglesia dedicada a la cuestión social en tiempos en que el auge de la industrialización generaba poderosos propietarios y masas de proletarios.
La encíclica de León XIII postula la Doctrina Social de la Iglesia, cuyo concepto central es la Justicia Social. Muchos economistas de la Escuela Austriaca y de otras vertientes ultraconservadoras han postulado exactamente lo contrario a lo que implica el núcleo central de la Rerum Novarum, pero Javier Milei ha sido el único que se ha ensañado con la Doctrina Social de la Iglesia y que públicamente ha repudiado de manera explícita la Justicia Social.

En numerosas oportunidades, los argentinos y el mundo escucharon a Milei decir que “la Justicia Social es una aberración”. En una simplificación que deja de lado la enormidad de realidades. El presidente argentino ha explicado hasta el cansancio que “Justicia Social es un robo porque implica robarle al que genera riqueza para repartirla entre quienes no generan nada”.
La prédica de León XIV es una continuidad lineal a la del antecesor al que reivindica, Jorge Bergoglio, en el cual tenía centralidad la exigencia de que “la economía esté al servicio del hombre” y el deber moral de acompañar y ayudar a los débiles y vulnerables, sectores de la sociedad que el mileísmo trata con desdén y hasta con bullying, considerando a los marginales como “fisuras”, la palabra que usa el mileísta desterrado del mileísmo (aunque por otras razones), Ramiro Marra.

No es el único punto central en el que el discurso de Milei está en las antípodas de cuestiones centrales de la prédica del actual líder católico. Para Robert Francis Prevost, la polarización es un instrumento perverso de la política para construir poder dividiendo las sociedades e inoculando odio político, social y cultural en la fractura producida. Mientras que el presidente argentino, igual que otros que está supurando la decadencia de la democracia en Occidente, ha llevado la instrumentación del odio político que en Argentina a niveles de paroxismo.
Tiene en claro León XIV que “la grieta” y la consideración del crítico y el adversario como “el enemigo” no fueron instalados por Milei sino por sus antecesores kirchneristas. Pero visualiza la pasión extrema con que el actual mandatario ultraconservador practica el aborrecimiento político de quienes lo cuestionan y procuran derrotarlo en las urnas.
Pocos presidentes son tan explícitos como Milei en el uso del odio y la demonización. De hecho, ningún otro presidente de la vereda ultraconservadora insulta a otros presidentes y a todos los que lo critican o lo enfrentan en el terreno político.

León XIV llama a “desarmar el lenguaje”, en el sentido de quitarles las armas, por considerar lo evidente: la violencia verbal es violencia política. Mientras que el rasgo de identidad de Milei es ser un insultador serial, alguien que usa la violencia verbal cómo única forma de expresarse ante las divergencias y los cuestionamientos.
Milei se refirió a Francisco como “el imbécil que está en el Vaticano” y el “representante del maligno en el mundo”. León XIV sabe de ese rasgo de quien será anfitrión cuando visite la Argentina. También sabe que es un negacionista del cambio climático, algo sobre lo cual este pontífice predica generar conciencia mundial y priorizar en la agenda global.
Hay un punto más en el que Javier Milei y el Papa están en puntos opuestos. León XIV representa exactamente lo opuesto a lo que representa Donald Trump, mientras que Milei es un ferviente admirador del magnate neoyorquino.



