Aunque hay expertos que consideran que ya es tarde para poner bajo control humano y poder regular la Inteligencia Artificial, es positivo que el CEO de Anthropic, Darío Amodei, haya denunciado que “la industria (de IA) le mintió a la gente” sobre los riesgos que implica para las sociedades y, finalmente, para la especie humana.
La importancia de que un empresario del rubro haya reconocido la mentira de negar que la IA represente algún tipo de peligro, es equivalente, aunque de mayor magnitud, que la importancia que tuvo el histórico del Distrito de Columbia en el 2006, declarando culpables a las empresas tabacaleras más poderosas de Estados Unidos de haber mentido ante el Congreso al comparecer sobre los efectos negativos de la nicotina en la salud de las personas.
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Las autoridades de empresas como Philip Morris USA, Reynolds Tobacco Company y Brown & Williamson, entre otras, habían sostenido reuniones en las cuales se confabularon para declarar ante el Congreso una versión falsa sobre los efectos del tabaco. Y a continuación mintieron para ocultar sus riesgos.
Según Amodei, los CEOS de las mayores empresas dedicadas a la IA llevan años mintiendo para que los habitantes del planeta desconozcan los riesgos que conlleva el desarrollo de este tipo de tecnología, la primera con capacidad de independizarse totalmente de la voluntad humana.
Por cierto, los CEOS que no reconocen ese ocultamiento, acusan a su colega de Anthropic y a todos los que reclaman desacelerar el desarrollo de IA para poder establecer controles que garanticen que no amenazará a las sociedades y a las personas, de tener esa posición porque sus empresas están más retrasadas y obligar que todas aminoren sus marchas les resulta conveniente para poder alcanzar a las que van en punta.
Es posible que algunas empresas que progresan más lentamente se pronuncien pensando en sus propios intereses. Pero a esta altura se ha acumulado demasiada evidencia para defender la desarticulación o, por lo menos, la regulación del desarrollo de IA.
Un ejemplo está en la encíclica Magnífica Humánitas, del Papa León XIV, basada en una minuciosa y completísima investigación que arroja datos muy reveladores del peligro que ya ha alcanzado el desarrollo de la tecnología en cuestión.
Para Donald Trump, los que advierten al mundo sobre los “peligros” que implica la IA “mienten”. Según el jefe de la Casa Blanca, acérrimo enemigo de que se regule el desarrollo de esta controversial tecnología, “la idea de que la IA domine el mundo y destruya la humanidad es un bulo”. Pero Trump también repite como disco rayado que las advertencias sobre el cambio climático es “el mayor engaño perpetrado contra el mundo” por parte de “gente estúpida”. Y mientras niega que exista el cambio climático despliega una geopolítica apuntada a apoderarse de las zonas del planeta donde los glaciares están retrocediendo aceleradamente y el derretimiento de los hielos deja al alcance de la mano tierras raras y demás riquezas minerales.
Trump quiere convertir a Canadá en un estado de USA, porque aspira a explotar lo que deje a la vista el derretimiento de los hielos en el Ártico canadiense. Por la misma razón quiere apoderarse de Groenlandia, arrebatándosela a Dinamarca.
Habla como un negacionista del cambio climático pero actúa como alguien que sabe bien que el planeta se está calentando y procura sacar ventaja de ese proceso, en lugar de impulsar políticas para revertirlo o, por lo menos, aminorar su vertiginosa marcha.
Por eso la palabra de Trump no es considerada objetivamente basada en el cuidado de la población mundial. Ni en lo referido al calentamiento global ni en lo referido a la IA.
En ambos temas, tiene más peso y credibilidad la palabra de otro norteamericano: Robert Francis Prevost, el Papa León XIV.