En Rusia, las elecciones tuvieron el único resultado posible: ganó el partido de Vladimir Putin. Y en las elecciones regionales de Alemania también ganaron los candidatos de Putin, porque tanto el partido neonazi Alternativa por Alemania (AfD) como el resabio del marxismo aglutinado en el partido La Izquierda (Die Linke) son apoyados por Moscú y responden a los intereses y apuesta geopolítica del jefe del Kremlin.
En Rusia, el único partido verdaderamente opositor, Yabloko, pero está afuera del sistema. Por las bancas de la Duma sólo pueden competir los partidos que le responden y son funcionales a Putin: El Partido Comunista, Rusia Justa, Gente Nueva y el Partido Liberal-Democrata.
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En las elecciones parlamentarias del domingo 20 de setiembre, nuevamente ninguna de esas fuerzas políticas objetó que al sistema electrónico del voto sólo tenga acceso el gobierno. Por lo tanto, no hay razones serias para creer que la victoria oficialista sea el reflejo verdadero de la voluntad de los rusos. En la Rusia de Putin, todo está armado para que se cumpla la voluntad de Putin. Ninguna otra.
En cambio en Alemania las elecciones no son manipuladas por el gobierno central ni por los gobiernos regionales. La prueba más contundente es la victoria de las fuerzas anti-sistema en estados importantes, debilitando al canciller Frederich Merz.
Los neonazis de AfD se impusieron en Sajonia Anhalt y en Mecklemburgo-Pomerania, mientras que en Berlín se impuso la izquierda que aún se reivindica marxista. En los tres estados, la centroderechista CDU, del canciller Merz, obtuvo porcentajes mínimos, mientras que los socialdemócratas y los verdes, que son los exponentes de la centroizquierda, también obtuvieron cifras insignificantes.
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El derrumbe del centro en Alemania, es una victoria del proyecto geopolítico ruso, para el cual cuenta con el apoyo de Trump.
Los partidos anti-sistema están socavando la autoridad del gobierno central para el rearme de Alemania, política relacionada directamente con la amenaza que representa Rusia para todos los países que aún mantienen sus sistemas de democracia liberal, eso que está desarticulando Trump en Estados Unidos y que intentará ejecutar en el Reino Unido si llega a primer ministro Nigel Farage, el favorito del líder de MAGA en Gran Bretaña.
Los jefes de la Casa Blanca y el Kremlin ya tienen su favorito en Italia, donde los defraudó Giorgia Meloni al cerrar filas con el resto de la Unión Europea a favor de Ucrania. Se trata del ultraderechista Roberto Vannacci, un militar que se declara ferviente admirador de Putin y propone poner fin de inmediato a todo tipo de ayuda a los ucranianos.

