En general, el viaje de Javier Milei a Estados Unidos en estos días pareció tener como objetivo principal apoyar a Donald Trump en la antesala de las elecciones de medio término que, en esta oportunidad, resultan cruciales porque las encuestas muestran la posibilidad de que el oficialismo pierda el control del Congreso.
A diferencia de los mandatarios europeos y asiáticos cuando visitan Estados Unidos o cualquier otro país, el presidente argentino se expresó abiertamente pidiendo el voto de los norteamericanos al partido del líder de MAGA. Ese apoyo explícito y enfático a Trump que hace Milei cada vez que viaja a Estados Unidos, lo que ocurre muy seguido, en este caso tuvo el agravante de efectuarse en el momento más caliente de la campaña electoral. Y con el jefe de la Casa Blanca incurriendo en visibles estropicios, como aprobar la transmisión en vivo de un fusilamiento, aunque dio marcha atrás cuando un coro de voces le explicó que eso era un espectáculo macabro; burlarse del físico de una mujer que por interrumpirlo en un mitin fue ferozmente golpeada por varias y personas y arrestada por la policía y, más grave aún, haber dado un balón de oxígeno económico y político a Vladimir Putin al comprar diesel ruso y exigir a Zelenski que deje la presidencia de Ucrania, en momentos en que Rusia masacra diariamente civiles ucranianos con bombardeos de exterminio.

En síntesis, el resultado de este viaje de Milei fue el mismo que en las ocasiones anteriores: recibe distinciones importantes, como la de Campeón Global de la Libre Empresa que otorga la poderosa cámara norteamericana de comercio a todos los gobernantes que practican drásticos ajustes para reducir el gasto público y a todos los empresarios y economistas que defienden esas políticas. Y también distinciones de grupos ideológicos duramente conservadores que siempre distinguen a líderes identificados con sus propias posiciones.
En cuanto a las aprobaciones y las críticas, se repartieron como siempre: los sectores ultraconservadores identificados con MAGA y su líder lo alabaron y los sectores progresistas identificados con el Partido Demócrata lo describieron como un líder de posiciones ultraconservadoras al servicio de Trump.
Lo interesante estuvo en la conferencia que dio ante inversores. Lo que se destacó en esa oportunidad, fue la calma con la que habló el presidente argentino. No estuvieron las estridencias, los agravios a sus críticos ni las consignas gritadas. Y eso fue bien recibido por el auditorio.
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También fue, en general, bien recibido su discurso. Aunque, con tono académico, lo que hizo Javier Milei fue reiterar el recorrido por los autores que predican la ideología que abrazó con devoción, sin dar el lugar esperado por una audiencia de ese tipo a las cuestiones prácticas que necesitan conocer los inversores.
La suma de eventos y discursos da como resultado el mismo de los viajes anteriores. La diferencia es que, lo más notable y excepcional, fue que en esta oportunidad el reiterado apoyo enfático y explicito que le dio al magnate neoyorquino ocurrió la antesala de una elección crucial. Algo que valoran Trump y los trumpistas, pero cuestionan en profundidad los que entienden y defienden la democracia liberal.



