La octava luna del festival quedó marcada por una escena que ya es parte del mito. Treinta años después de aquella irrupción adolescente que cambió la historia del escenario mayor, Soledad volvió a pararse frente al público con la misma verdad de siempre, pero con una madurez que se notó en cada gesto.
Llovía sin tregua, el cielo estaba cerrado y, aun así, nadie se movió. Cuando apareció para festejar los 30 años de su debut en la Plaza Próspero Molina, Cosquín entendió que no era una función más: era una celebración a cielo abierto, intensa, desafiante y profundamente sentida.
Cantó largo, habló poco y se permitió disfrutar. “Esta vez vine a gozar”, dijo al final, empapada y feliz, como quien aprueba el examen más difícil sin necesidad de rendir cuentas.
La lluvia nunca se fue y terminó siendo aliada. Chacareras, zambas y clásicos sonaron con una fuerza especial, acompañados por palmas, gritos y ponchos al viento. Hubo invitados, rescates de canciones queridas y momentos íntimos que bajaron revoluciones para volver a explotar después. Todo fluyó como una ceremonia compartida entre el escenario y la plaza.
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Antes de ese estallido, la noche había tenido pasajes de alto nivel. Los 4 de Córdoba junto a Por Siempre Tucu repasaron himnos que despertaron ovaciones, Suna Rocha emocionó pese a sus dificultades de salud y Juan Iñaki tuvo un regreso celebrado. La danza también dejó huella con cuadros potentes y ovacionados, a tono con el clima épico.
La lista de invitados fue otro de los grandes aciertos de la noche y mostró la amplitud artística de Soledad. Pedro Capó aportó frescura con una versión celebrada de Piel Canela, Teresa Parodi sumó emoción y memoria con Cielo del albañil, y Nahuel Pennisi regaló sensibilidad en Como un cisne.
También hubo lugar para el cruce generacional con Cazzu, que despertó una ovación con Cómo será, y para el desborde popular cuando apareció Ivonne de La Delio Valdez, que transformó la plaza en una fiesta total con clásicos de aire latino. El momento más íntimo llegó con Natalia Pastorutti, en un cierre cargado de zambas, recuerdos y un abrazo que selló una historia compartida con Cosquín.
El cierre del show fue puro corazón. La Sole reunió a su familia arriba del escenario y dejó una postal que resumió todo: raíces, afecto y pertenencia. Bajo el agua, con lágrimas mezcladas con lluvia, Cosquín fue una casa abierta y ella, una vez más, su anfitriona natural.
Esta noche, el festival tendrá su broche con Peteco Carabajal con Riendas Libres, Maggie Cullen, Campedrinos, Teresa Parodi, Cuti y Roberto Carabajal, Gauchos Of The Pampa, la entrega de premios y Milo J.