La emoción atravesó el estudio de Es Mi Sueño cuando Agustina Maidana, una joven de 21 años, subió al escenario y dejó al descubierto no solo su talento, sino también una historia de vida marcada por el dolor y la resiliencia.
Antes de cantar, Agustina abrió su corazón y relató el difícil camino que le tocó atravesar desde chica. “No tuve una vida fácil. Empezando por no tener a mi mamá, que me abandonó de chica, y por haber sido criada por mi familia paterna y mis abuelos. Pero a mi abuela la perdí el año pasado, dos días antes de mi cumpleaños”, contó, visiblemente emocionada.
Con la voz cargada de sentimientos, interpretó “Hasta el final”, de David Bisbal, una elección que no fue casual. “Me acuerdo que veíamos programas de canto y ella me decía: ‘Vos tenés que estar ahí’, y hoy estoy acá”, recordó sobre su abuela, quien soñaba con verla sobre un escenario.
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La joven también expresó el vacío que siente por la ausencia de su madre: “Es triste ver a todos cómo vinieron acompañados de su mamá, que es la figura más importante, y yo no tener esa, ni tampoco a la que era mi abuela. Pero le agradezco a mi familia y a mis amigos que me acompañan”.
Tras su interpretación, la emoción la desbordó por completo. Entre lágrimas y temblando, Agustina apenas pudo sostenerse en pie. El jurado no dudó en levantarse para contenerla. Carlos Baute fue el primero en acercarse y abrazarla: “Qué lindo sentimiento el que tenés, dejalo salir”, le dijo, conmovido, mientras recordaba el difícil momento en que tuvo que subirse a un escenario tras recibir una dolorosa noticia familiar.

También La Mona Jiménez se mostró profundamente movilizado y compartió su propia experiencia: “Yo cantaba cuarteto a los 16 años. Mi papá murió cuando yo tenía 17. Me dijeron que ya había muerto y fui igual a cantar esa noche, llorando por dentro”, relató.
Por su parte, Jimena Barón empatizó desde su propia historia personal: “Mi papá también me abandonó a los 15 años. Lo único que te digo es que no cargues con esto, llevalo pero no lo cargues”, le aconsejó con sensibilidad.
En medio de ese clima cargado de emoción, Agustina volvió a tomar la palabra y realizó una confesión: “Me canté a mí misma que crecí sin el amor de una mamá y que eso lo voy a cargar toda la vida. Mi abuela se enfermó cuando yo tenía 14 años y no podía vivir mi vida a mi edad porque tenía muchas responsabilidades”.
El cierre llegó de la mano de Guido Kaczka, quien le dedicó una dulce reflexión: “Ser padre y madre es más que un rol. Y hoy, de alguna manera, aunque sea por un ratito, encontraste a quienes te hicieron un poco de padres”.



