Cecilia “Chechu” Bonelli abrió su corazón y compartió el costado más duro de su separación con Darío Cvitanich, con quien estuvo en pareja durante 14 años y tuvo tres hijas. Lejos de suavizar el relato, describió el impacto emocional con una crudeza que sorprendió.
“Después de catorce años en pareja, tres hijas, que se deshizo la familia… fue todo muy de golpe”, expresó. La ruptura no solo significó el final de la relación, sino también el derrumbe de una estructura de vida que creía definitiva.
El dolor fue tan profundo que incluso la llevó a cuestionarse sus propias emociones. “Le pregunté si estaba mal sentir que este dolor era más fuerte que cuando perdí a mi papá y a mi mamá”, reveló, intentando dimensionar lo que estaba atravesando. “Nunca había sentido algo así”, agregó.

En ese contexto, dejó una de las frases más impactantes de su testimonio con el programa Vuelta y media de Urbana Play: “Estuve hecha bosta. Tirada en el piso”. Una imagen que grafica el nivel de angustia que vivió tras la separación.
Sin embargo, también habló del proceso de reconstrucción. A través de terapia y trabajo personal, comenzó a salir adelante. “Estoy laburando muchísimo psicológicamente, haciendo terapia. Tengo que terminar de hacer este duelo”, explicó.
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Con el tiempo, logró encontrar aspectos positivos en esta nueva etapa. “Estoy disfrutando mucho de la soltería”, contó, aunque aclaró que no se trata de excesos ni de revancha: “No estoy desbarrancando ni estoy con chabones ni nada de eso”.
Hoy, su foco está en ella misma: recuperar espacios, reencontrarse con sus afectos y reconstruir su identidad. “Dentro de todo lo malo, lo bueno es que volví… volví”, dijo, en una frase que resume su presente. Aun así, reconoció que el proceso no es lineal. “Me gusta la soledad… pero a veces es dura”, admitió, dejando ver que el duelo todavía no está completamente cerrado.

La periodista aseguró que se siente “en un 95%” recuperada, aunque reconoce que queda “un poquitito” por sanar. También reflexionó sobre las expectativas que tenía: “Yo me había casado para toda la vida”, confesó, en alusión a su deseo de replicar la historia de sus padres.
En medio de este camino, muchas mujeres se acercaron a ella en busca de contención. Y su mensaje es claro: “Hay que laburarlo, dedicarle tiempo a uno, rodearse de la gente que hace bien y ponerle el pecho”. Con una mezcla de dolor, aprendizaje y aceptación, cerró con una frase simple pero significativa: “Bueno… ya está. A otra cosa, mariposa”.



