La Mesita de Almanza es un pintoresco y particular restaurante. Está en Puerto Almanza, el pueblo más austral de la Argentina. Almanza está iluminada de punta a punta, dice la leyenda que es para mostrar su extensión superior a su eterno rival, Puerto Williams (Chile), que está cruzando el canal más al sur.

Tiene una sola calle y, para llegar, ahí hay que hacer 40 kilómetros de ruta y 35 de ripio, viniendo desde Ushuaia. El recorrido nos lleva a ver y disfrutar de hermosos paisajes llenos de montañas, nieve y frondosos bosques. Uno sabe que llegó a Almanza porque ya no puede avanzar más.
De un lado, las casas y construcciones, del otro la hermosa vista del fin del mundo. Una extensa playa de piedras pequeñas y redondas acompañan el paisaje donde se puede ver como es la vida de un viejo pueblo pesquero de tan solo 100 habitantes.

El sonido de las gaviotas y las pequeñas olas rompiendo en la costa son la música del lugar, que se interrumpen con el paso de algún auto. El frío se siente en los huesos, el viento parece cortar todo lo que no lleva pluma y ahí La Mesita de Almanza parece el refugio ideal.
El restaurante es pequeño, pero cuando abre, está siempre ocupado. Es todo de madera, con capacidad para 16 personas. El calor de su chimenea a leña le da un clima acogedor y de bienvenida a los visitantes.
Una hermosa decoración con objetos de mar, barcos viejos y un impactante ventanal con vista al Canal Beagle, son el marco ideal para sentarse, relajarse y empezar a disfrutar de los sabores típicos del lugar.

La centolla es la vedet de cada plato. Ahí probé la sorrentolla (sorrentinos con salsa de centolla) pero también hay volcán de centolla, cazuela de mariscos, trucha y merluza. Los platos son sabrosos y abundantes. Y si uno sobrevive a comer tan bien, puede intentar animarse a pedir de postre un volcán de chocolate.
Lito es el dueño y él mismo atiende el restaurante. Su señora es la chef y como dijo un francés que acompañaba una de las mesas, "hay alguien que se cruza a pescar lo que uno pide”. Es tan pequeño el restaurante que, tal vez, sea el lugar más convocante del pueblo.
Recomendado es hacer una extensa y tranquila caminata por la costa del pueblo, disfrutando del paisaje y viendo como los pescadores preparan sus jaulas para atrapar centollas y enrollan alguna que otra red.

Un dato más que importante si tenes pensado ir, atienden solamente los fines de semana, en dos turnos al mediodía (a las 12 y a las 15) y siempre con reserva vía Facebook. Mucha gente va sin reserva pensando que van a encontrar lugar, y eso podría casi asegurarlo es imposible.
