Durante años, Leandro de Souza fue conocido como el hombre más tatuado de Brasil: más de 170 diseños cubrían el 95% de su cuerpo, convirtiendo su piel en una obra viva. Pero hoy, con 35 años, el fotógrafo oriundo de Bagé luce irreconocible. Decidió eliminar los tatuajes que lo acompañaron desde su adolescencia y dar un giro radical a su vida.

Este cambio no es solo estético, sino profundamente personal y espiritual. Después de atravesar una década marcada por adicciones y una fuerte inestabilidad emocional, Leandro encontró un nuevo rumbo en la fe evangélica. Fue ese despertar interior lo que lo impulsó a comenzar el proceso de remoción láser, como símbolo de un renacimiento.
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Sin embargo, el camino hacia una piel limpia no es sencillo. Ya completó cinco de las ocho sesiones necesarias, cada una de entre 30 y 40 minutos, con intervalos de tres meses. “Duele mucho más que hacérselos. Tres veces más, incluso con anestesia”, reveló, describiendo el intenso dolor físico como una prueba de resistencia que acompaña su proceso de transformación.

Ese sufrimiento, reconoce, también funciona como una metáfora de su cambio: una forma de enfrentar y dejar atrás el peso de su pasado. “Hice mi primer tatuaje a los 13 años. En ese momento eran expresiones de lo que yo idolatraba: Guns N’ Roses, Nirvana, Metallica… las bandas que marcaron mi juventud”, contó en diálogo con el medio G1.