La histórica misión Artemis II de la Nasa no solo marcó el regreso de vuelos tripulados alrededor de la Luna, sino que también tuvo un fuerte componente científico y tecnológico.
Así lo explicó en Telenoche el ingeniero aeroespacial Marcelo Colazo, quien participó del proyecto nacional vinculado al envío de un satélite al espacio.
Según detalló, uno de los puntos clave de la misión fue el seguimiento en tiempo real del comportamiento de los instrumentos. “Nos venía la información de la telemetría del satélite, que ahí te indica si todo está funcionando bien, las tensiones, los voltajes, si la batería está cargada, si los paneles están funcionando”, señaló.
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En ese sentido, destacó la importancia de los datos recolectados: “Además da la información de ciencia, o sea los instrumentos. Nosotros a esa información la bajábamos, la procesamos y la almacenamos, y esa información es la que se va a trabajar en los próximos meses”.
Colazo remarcó que se trató de una misión tecnológica, enfocada en evaluar el rendimiento de los equipos en condiciones extremas. “Lo que nos interesa saber es cómo se comportaron los distintos instrumentos, qué información tuvieron”, explicó.
Uno de los objetivos centrales fue medir la radiación en una zona poco explorada. “Eran instrumentos diseñados para medir la radiación. Atenea fue a una órbita muy lejana de la Tierra, a 70 mil kilómetros, donde las condiciones del clima espacial son muy distintas”, indicó.
Finalmente, subrayó el valor de estos datos para futuras misiones: “La idea era medir esa radiación y ver si nosotros podíamos detectar alguna influencia de esa radiación”.



