El universo parece estable, pero algunos modelos de la física cuántica plantean una posibilidad tan fascinante como inquietante: que esa estabilidad sea solo aparente. Bajo esa hipótesis, el vacío en el que existe todo lo conocido podría no ser el estado de menor energía posible.
A esa idea se la conoce como falso vacío. En términos simples, propone que el universo podría estar en una especie de equilibrio temporal, pero no definitivo. Por debajo de ese estado existiría otro más estable, llamado verdadero vacío.
Un equipo de físicos de la Universidad Tsinghua, en China, logró simular en laboratorio un proceso vinculado a esa teoría. El estudio fue publicado en Physical Review Letters y difundido por el medio científico Robotitus.

El experimento no implica ningún peligro ni significa que el universo vaya a desaparecer. En realidad, los investigadores trabajaron con una analogía controlada para estudiar cómo podría comportarse un sistema que pasa de un estado aparentemente estable a otro de menor energía.
En física, el vacío no es simplemente “nada”. Tiene propiedades, campos y energía. Por eso, si el estado actual del universo fuera un falso vacío, en teoría podría existir una configuración más profunda y estable.
Los modelos más extremos plantean que, si una diminuta región del espacio pasara a ese verdadero vacío, podría formarse una burbuja que crecería casi a la velocidad de la luz, modificando las leyes físicas en todo lo que tocara.
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Para estudiar ese escenario imposible de reproducir directamente, los científicos usaron átomos de Rydberg, que son átomos con electrones llevados a niveles de energía muy altos. Esto los vuelve extremadamente sensibles a pequeñas perturbaciones y útiles para simular fenómenos de escala cósmica en sistemas controlados.
El equipo colocó esos átomos en forma de anillo y utilizó láseres para romper una simetría del sistema. Así logró generar un comportamiento similar al de dos estados de energía: uno comparable al falso vacío y otro al verdadero vacío.

Luego observaron cómo el sistema decaía hacia el estado energéticamente más favorable. El comportamiento coincidió con predicciones teóricas sobre este tipo de transiciones.
El resultado es importante porque permite estudiar en laboratorio procesos que, hasta ahora, dependían casi por completo de modelos matemáticos. Estos experimentos funcionan como “análogos cuánticos”: no recrean el universo real, pero ayudan a entender reglas y dinámicas que podrían aplicarse a fenómenos extremos.
El falso vacío sigue siendo una posibilidad teórica y no hay evidencia de que el universo esté cerca de atravesar un proceso de ese tipo. La novedad es que los físicos ahora cuentan con herramientas experimentales para poner a prueba algunas de sus predicciones.



