Treinta años después de aquella misión, el satélite Víctor vuelve a ocupar un lugar destacado en la historia tecnológica argentina. Un informe de Telenoche recordó cómo un grupo de profesionales de Córdoba consiguió desarrollar y poner en órbita un artefacto construido íntegramente en el país.
El proyecto nació en el Instituto Universitario Aeronáutico (IUA), con el respaldo del Centro de Investigaciones Aplicadas de la Fuerza Aérea Argentina y la colaboración de otras instituciones. El lanzamiento se concretó a fines de agosto de 1996 desde el cosmódromo ruso de Plesetsk.
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El Víctor era un microsatélite de apenas 34 por 34 por 43 centímetros y pesaba 30 kilos. Contaba con paneles solares para generar energía y fue bautizado en homenaje al ingeniero Víctor Aruani, integrante del equipo que falleció antes de que la misión pudiera concluir.
Uno de los aspectos más llamativos del desarrollo fue la creatividad aplicada para resolver los problemas técnicos. El mecanismo de separación entre el satélite y el cohete ruso utilizó nada menos que el resorte de un embrague de un Fiat 128.
“Constituyó un hito porque fue un desafío importante para la época”, expresó a Telenoche Guillermo Cimatti, programador de software. El especialista también recordó las limitaciones con las que trabajaron y la necesidad de conseguir materiales dentro y fuera del país.
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Patricia Andersen, fue quien hizo la gestión del proyecto y recordó: “Era la única mujer en el proyecto. Cuando supe pensé que estaban todos locos”, y agregó que algún tornillo seguramente tocó.
El momento decisivo llegó cuando el aparato comenzó a responder desde el espacio. Ángel Sauer, ingeniero de enlace y telecomunicaciones, recordó: “Primero dio señales de vida el primer día, en la primera pasada, la baliza, que fue esa noche del lanzamiento que fue un momento muy lindo, único. Y después de nuevo cuando pudimos hacer el enlace bidireccional y poder controlar y tener respuestas, lo recuerdo bien al momento”.
Para quienes participaron, aquella experiencia quedó marcada como un antes y un después. Pablo Ferreyra, ingeniero de computadora a bordo, explicó a Telenoche: “Realmente muchos de los que trabajamos ahí teníamos muchas incertidumbres, muchas dudas de que si eso iba a funcionar o no., pero al final fue la gran satisfacción”.
Sauer lo definió como “un hito en nuestras vidas profesionales que nunca más se superó”, mientras Ferreyra destacó que el Víctor fue pionero en el desarrollo de pequeños satélites que hoy constituyen una tecnología utilizada en distintos lugares del mundo.

