En el marco del Día de la Madre, Cuarteteando homenajea a esas mujeres que dejaron una huella en el mundo del cuarteto. Algunas desde arriba del escenario y otras desde un costado, acompañando desde casa cada paso de sus hijos y convirtiéndose en sus primeras y más fieles admiradoras.
En esta oportunidad, Pamela, Ana María y Graciela fueron las protagonistas de Mamá, la primera fan, el ciclo de entrevistas conducido por Vanesa Ludueña, donde compartieron historias íntimas, recuerdos inolvidables y la emoción de ver en quiénes se convirtieron sus hijos.
Mamá, la primera fan: Graciela Hofirek
Graciela Hofirek, es mamá de cinco hijos: Gonzalo, Facundo, Ivana, Federico y Francisco Herrera. Tres de ellos encontraron en la música su camino artístico: el Chino Herrera, integrante de Q’ Lokura, y Fede y Fran, quienes conforman Los Herrera.
A corazón abierto, Graciela repasó una historia familiar atravesada por el amor, el esfuerzo, los miedos y una felicidad que, según reconoció, supera todo lo que alguna vez imaginó.
Una maternidad que llegó como una bendición
Para Graciela, convertirse en mamá tuvo un significado muy especial. Antes de casarse, atravesó una operación importante de ovarios y recibió una noticia que parecía cerrar la posibilidad de tener hijos.
“Cuando yo me iba a casar, seis meses antes, tuve una operación grandísima de ovarios, me dijeron que no iba a poder tener hijos”, recordó.
Sin embargo, después de casarse, quedó embarazada de su primer hijo y, al año y ocho meses, nació Facundo.
“Me fui con la idea de que nunca iba a poder tener niños y nueve meses después de la luna de miel, vine embarazada de mi primer hijo. Mis cinco hijos son una bendición”, expresó con emoción.
De hijos de docentes a referentes del cuarteto
Aunque hoy sus hijos forman parte de una escena musical que convoca a multitudes, Graciela reconoció que nunca imaginó que se dedicarían profesionalmente a la música.
“Como hijos de docentes, pensé que iban a inclinarse por el estudio. Empezaron y les iba muy bien a tres de ellos, también hacían paralelamente música y me dijeron: ‘Nos gusta más la música’”, contó.
Junto a su marido, tomó una decisión que marcaría el camino de los jóvenes: acompañarlos en sus elecciones. “Siempre fui una persona con mi marido de dejarlos hacer lo que quisieran mientras sean felices”, explicó.
La familia, sin embargo, no estaba vinculada al ambiente del cuarteto. Vivían en Saldán y viajaban diariamente a Córdoba para trabajar, por lo que la noche y los bailes no formaban parte de su rutina.
Incluso confesó que nunca había ido a un baile de cuarteto, salvo algunas ocasiones en los tradicionales bailes de carnaval que se realizaban en Juniors. “Nosotros éramos bolicheros”, resumió entre risas.
El esfuerzo detrás de cada presentación
Acompañar a sus hijos en sus primeros pasos artísticos también implicó organización, sacrificios y una presencia constante. Graciela recordó cómo toda la familia se las ingeniaba para que los jóvenes pudieran cumplir con sus compromisos musicales sin descuidar la escuela.
“Iba el colectivo y nosotros por atrás y no solo mi marido y yo, el resto de los chicos que no cantaban, todos arriba”, relató.
Los domingos solían tener presentaciones en el interior de la provincia y la familia viajaba para acompañarlos. “Yo llevaba en el baúl toda la ropa para el lunes para el colegio, así que nos bajábamos del auto, nos cambiábamos y pasábamos derecho para el colegio”, contó.
Detrás de esas jornadas había una decisión consciente de acompañarlos de cerca y cuidar tanto su bienestar como el esfuerzo invertido en su formación. “Me gusta lo que hacen, los apoyo, pero también cuidamos mucho la inversión que hizo uno de tiempo.
Yo no salía con mis amigas, yo estaba de lunes a lunes con ellos, íbamos a donde podían ir ellos; si no, no salimos”, explicó. Y agregó: “Prefería cuidarlos yo, rara vez se quedaban a dormir en algún lado”.
El recuerdo de Marcos Farías
En ese recorrido también hubo una persona fundamental para la tranquilidad de la familia: el productor Marcos Farías, a quien Graciela recordó con especial cariño.
“Tenía mucho miedo, pero confié mucho en Farías, que ya no está y lo siento mucho. Los cuidó mucho a mis hijos. A los tres, incluso al cuarto, que es el mayor que no canta, pero también siempre fue un parámetro para mis hijos”, expresó.
Visiblemente conmovida, destacó la confianza que él le transmitió durante aquellos primeros años y reconoció cuánto sintió su pérdida.
El orgullo por sus hijos y el cariño del público
Con el paso del tiempo, los Herrera construyeron su propio camino en la música y llegaron a lugares que su mamá nunca había imaginado. Para Graciela, parte de ese crecimiento tiene que ver con los valores que recibieron desde chicos.
“No sé si cantan bien o cantan mal, pero tienen un ángel y yo creo que se debe a todo el esfuerzo que uno hizo en su educación, en su crianza”, reflexionó.
También destacó la importancia de haber crecido rodeados de sus cuatro abuelos, un vínculo que, junto a su marido, siempre buscaron fortalecer.
REEL!!!!
El cariño del público es otro de los aspectos que más la conmueven. Lejos de dar por sentado el reconocimiento que reciben sus hijos, Graciela puso en primer plano a quienes los acompañan en cada presentación.
“Estoy muy orgullosa de la gente que los escucha, que los sigue, porque sin la gente ellos no serían nada”, aseguró.
Y al hablar de todo lo que consiguieron, agregó: “Han logrado cosas que nunca imaginé, pero yo siempre les digo, todo vuelve en la vida y creo que el parámetro de ellos de ser buenas personas con todo el mundo los ayudó muchísimo. La verdad que es mucho orgullo”.
Para ella, la música también tiene un valor que va más allá del éxito profesional: “Les ha dado mucha felicidad y siempre digo que haberlos traído al mundo y que estén en este momento donde están, me complace que puedan divertir y alegrar a mucha gente que en muchos momentos necesitan”.
Una mamá que sufre, acompaña y sigue cada paso
Como toda madre, Graciela también reconoce que la exposición pública de sus hijos trae momentos difíciles. Los comentarios negativos pueden dolerle, especialmente cuando considera que son injustos.
“No puedo manejar el tema cuando hablan mal, porque sos madre y hay cosas que veo injustas y comentarios que duelen, pero aprendí a manejarlo”, confesó.
En ese aprendizaje fue fundamental una reflexión que le compartió Facundo y que todavía recuerda: “Vos no tenés que ponerte mal cuando la gente habla mal de uno, ¿sabés cuándo te tenés que poner mal? Cuando no hablen nada, ni bien ni mal. Porque ya dejamos de estar vigentes”.
Hoy intenta llevar esa enseñanza con ella, aunque la preocupación maternal nunca desaparece. Cada vez que sus hijos tienen un baile, está pendiente del teléfono y necesita saber que llegaron bien y que todo está en orden.
“Yo continuamente estoy con ellos con el teléfono: ¿llegaron?, ¿están bien? Sean las cinco, seis de la mañana, en medio del baile, entre medio de las pausas, estoy muy pendiente”, contó.
Lo más significativo para ella es que sus hijos responden sin que tenga que exigírselo. “Siempre me contestan, nunca se los impuse, solos, será que ya me conocen, que me quedo más tranquila”, agregó.
Esa conexión también se hace evidente cuando puede acompañarlos en vivo. Graciela contó que necesita hacerles saber que está presente y que, al subir al escenario, llegó a verlos emocionarse hasta las lágrimas.
“Yo tengo una conexión con ellos que yo necesito decirles: ‘Estoy acá, vine al baile’. Sentí tiritar a mis hijos y llorar cuando yo me subo al escenario y eso es tan importante, somos tan sensibles y creo que para ellos es importante el acompañamiento”, relató.
Los domingos en familia y el amor por cada uno
Más allá de los escenarios, las giras y los compromisos, hay una costumbre que la familia intenta mantener intacta: los domingos son sagrados.
“Somos muy contenedores con el papá, los domingos es el día que todos están en casa, salvo que tengan un baile afuera y no puedan”, explicó.
En esos encuentros también aparecen los pequeños detalles que hablan del vínculo cotidiano. Graciela conoce los gustos de cada uno de sus hijos y hasta reveló cuáles son sus comidas preferidas: al Chino le gusta la ensalada de frutas, Fede se inclina por las papas fritas y Fran elige los zapallitos rellenos.
Cuando le tocó describirlos, dejó ver que, más allá de compartir una familia, cada uno tiene su personalidad.
+VIDEO: NOTA COMPLETA DE YT
“El Fran es de otra generación, tiene la mente muy libre, cumplió 22 años y se fue de mi casa, cosas que no hicieron los otros, es muy independiente. El Fede tendrá diez mil errores, pero tiene un corazón que los supera a todos y el Facu siempre parece más serio, más prudente”, describió.
Y en medio de tantos recuerdos, apareció una frase que resume el asombro y la emoción de verlos crecer y convertirse en los artistas y las personas que son hoy: “A veces digo: ‘Dios mío, qué chicos trajimos al mundo’”.
Graciela también destacó algo que considera fundamental en la relación con sus hijos: la capacidad de reconocer los errores. “Hasta ahora ninguna decepción con ellos, porque incluso cuando han tenido un traspié, han venido y han pedido disculpas. Saben pedir perdón, eso es muy importante”, sostuvo.
El consejo de Graciela para las mamás de futuros artistas
Al final de la charla, la mamá de los Herrera dejó un mensaje para aquellas familias que tienen hijos que sueñan con dedicarse a la música o a cualquier otra expresión artística.
Su respuesta fue sencilla, pero resume la manera en que ella y su marido eligieron acompañar a sus cinco hijos. “Que lo deje, pero que no lo dejen solo, que lo acompañen, que estén en cada etapa, que vayan juntos”, aconsejó.
Una reflexión que nace de la experiencia de quien estuvo detrás de cada viaje, cada presentación y cada decisión, incluso cuando el camino generaba incertidumbre.
En este Día de la Madre, la historia de Graciela Hofirek es también un homenaje a esas mamás que acompañan desde el amor, sostienen en los momentos difíciles y celebran cada logro como propio. Porque antes de los escenarios, las canciones y los aplausos, estuvieron ellas: las primeras fans, las que nunca dejan de estar y las que todavía se emocionan al mirar a sus hijos y preguntarse, con orgullo, cómo llegaron tan lejos.