Paradójicamente, la celebración del "Día Internacional del Trabajador" nació en Estados Unidos pero se celebra en casi todo el mundo, menos allí.
En el año 1884, la Federación de Trabajadores de Estados Unidos y Canadá convocó a reclamar por una jornada laboral de ocho horas. En esa época, era común que fuera de entre 12 y 18 horas diarias. El lema utilizado fue "Ocho horas para el trabajo, ocho para el sueño y ocho para la casa".
Tras el reclamo, el entonces presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó una ley que estableció la jornada de ocho horas de trabajo. Sin embargo, los empleadores se negaron a acatarla.

Allí fue que los trabajadores de la ciudad de Chicago iniciaron una huelga el 1º de mayo con una manifestación que reunió a más de 80.000 obreros. Con el correr de las horas, el conflicto se fue extendiendo a otras ciudades de Estados Unidos llegando a convocar a más de 400 mil trabajadores.
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Las movilizaciones en Chicago derivaron en violentos enfrentamientos con la policía. El 4 de mayo, el reclamo terminó en tragedia en la plaza Haymarket. La explosión de una bomba mató a varios policías. La respuesta de la policía fue abriendo fuego, hiriendo y asesinando a un gran número de trabajadores.

Finalmente, un grupo de manifestantes fue enjuiciado por ser considerados promotores del conflicto. Dos de ellos fueron condenados a cadena perpetua, cinco a morir en la horca y uno más a 15 años de trabajos forzados. Se los denominó los "Mártires de Chicago".
Después del juicio, las empresas comenzaron a aceptar la jornada de ocho horas y finalmente, en el año 1887, el nuevo gobernador de Illinois (estado al que pertenece Chicago) cuestionó el juicio y perdonó a los trabajadores que estaban en prisión.
Dos años después, un congreso de la Segunda Internacional (organización formada por partidos socialistas y de los trabajadores) acordó en París celebrar el "Día Internacional del Trabajador" cada 1° de mayo, en homenaje a los "Mártires de Chicago".




