Edgar Cuello, padre de Mateo, el joven de 18 años que murió tras recibir un piedrazo mientras andaba en moto en Villa Dolores, habló en exclusiva con ElDoce.tv y aseguró que el ataque fue una emboscada.
El hombre relató cómo ocurrió la agresión y descartó que su hijo tuviera conflictos previos con los acusados. También reconstruyó los minutos finales antes de que el joven se descompensara.
“No cabe duda de que los estaban esperando”
“Mateo salió con su amigo desde San José hacia Villa Dolores para dar una vuelta. Cabe aclarar que la ruta que une los pueblos pasa por frente de la casa de uno de los agresores. Ellos, al volver al pueblo de San José (regresando por el mismo lugar) pasaron por la casa de unos de los agresores, los vieron y los comenzaron a perseguir. No cabe duda de que los estaban esperando”, contó.
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Y añadió: “Los comenzaron a perseguir por un kilómetro y medio, y cuando estaban a metros de alcanzarlos, le tiraron el hondazo que impactó en la cabecita de Mateo. Los agresores, al darse cuenta de que le pegaron, se volvieron. Mateo siguió conduciendo aproximadamente un kilómetro más hasta la casa de la abuela de un amigo. Allí se detuvo porque se empezó a sentir mal. Decía que le dolía mucho su cabeza y que se sentía mal. Se alcanzó a lavar la cara y luego se desvaneció en los brazos de su amigo”, relató.
Según explicó, su hijo no tenía vínculo directo con los acusados. “Mateo no tenía relación con los agresores. No tenían bronca directamente. El ‘problema’ comenzó por uno de los amigos de Mateo que, supuestamente le escribía a la novia de uno de los agresores cuando iban a la primaria. Desde ese momento, los agresores, cada vez que cruzaban a alguno de los amigos de Mateo, les hacían problemas. Pero mi hijo nunca tuvo algún problema con ellos, ni un roce, ni nada”, afirmó Edgar, quien aseguró que no conoce a los señalados.
El padre también contó cómo se enteraron del hecho. “Nos enteramos porque el amigo que iba en la moto con él nos llamó. Nosotros acudimos a la casa de los abuelos del amigo y nos encontramos a mi hijo desvanecido en los brazos de su amigo. En ese momento decidimos llevarlo en nuestro vehículo hasta el hospital”, expresó.
Finalmente, lo recordó con emoción: “Mateo era un excelente hijo. Muy querido y apreciado por todos, se hacía querer con todos. Era respetuoso, trabajador, familiero, compañero, buen amigo. Un excelente niño. Yo soy comisionista y él trabaja conmigo. Era muy responsable y respetuoso con los clientes. Era soñador y le gustaban mucho las motos. Esta semana comenzaba con un curso de mecánica de motos porque su sueño era tener un taller. Su pasión eran las motos”.