En barrio José Ignacio Díaz 1° Sección hay un abuelo que se toma muy en serio el futuro futbolero de sus nietos. Se llama Eduardo, tiene una pollería en la que también vende helados y cada año les hace firmar un contrato de conducta y premios a los chicos de la familia.
+ MIRÁ MÁS: Le robaron la notebook con las fotos de su papá fallecido: “El dolor es igual a la muerte de un familiar”
La historia la contó Yanina, su hija, quien compartió el particular documento que Eduardo preparó para sus cuatro nietos: Alejo, Máximo, Giuliano y Renzo. Todos juegan al fútbol en el Club Los Andes y tienen a su propio “representante”: el Nono.
El contrato 2026 incluye premios en dólares por goles convertidos, pero también varias condiciones para poder cobrarlos. Por cada gol, Eduardo promete pagar cuatro dólares, mientras que si hacen más de uno hay un dólar extra “de regalo”. El pago, según el documento, se abona los domingos por la tarde.

Las cláusulas del Nono
Entre las reglas aparecen pedidos bien familiares: respetar a los rivales, no hacerse sacar tarjetas “al vicio”, no decir malas palabras al representante, obedecer a los padres, no pelearse entre ellos y cuidar sus pertenencias.
También hay exigencias escolares. Eduardo dejó asentado que controlará las notas del colegio y que no pueden bajarlas. A eso sumó una condición clave para cualquier futbolista: no faltar a entrenar, porque si lo hacen deberán pagar una multa de dos dólares.
El punto más tierno del contrato aparece casi al final: una vez al mes los invita a comer un asadito “para hablar de fútbol”.

Un regalo mundialista
Con el Mundial cada vez más cerca, Eduardo también sorprendió a sus nietos con un regalo especial: hizo una figurita con una foto suya de cuando jugaba al fútbol en Instituto.
La ocurrencia mezcló emoción, humor y pasión por la pelota. En la familia ya saben que el fútbol se juega en la cancha, pero también en la mesa del domingo, entre contratos, goles, retos, premios y algún asado prometido por el abuelo representante.




