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Ayer, a propósito de cierta canción que nos activó los recuerdos, me acordaba de lo bien que la pasaba en casa de mi abuela Porota cuando me enseñaba a hacer su solitario o en la de mi abuela Negra con los cartones y bolillas de lotería que yo después usaba para hacer carreras de fórmula uno.

Y sí, a muchos nos queda la depresión post parto, digo, post mundial, y es buen momento para pensar en por qué tantos argentinos no encontramos eventos que nos generen el mismo entusiasmo. No es lo único en lo que tenemos que pensar.

Reír para no llorar. El “Black Friday” (viernes negro o viernes 13) de la Seguridad en Córdoba viene a ser el (oscuro) cierre de varios días de tensión creciente que, como en el viejo chiste, se da por actos. (Primer acto... segundo acto).

No nos damos cuenta que los argentinos nunca estuvimos hechos para la soberbia. Lo nuestro es ir de punto, lo nuestro es empezar sin nada. Ahí aflora la verdadera argentinidad.

Muy lejos de su casa en Porto Alegre murió Natalí Maidana de tan sólo 15 años. Pese a sus ganas de vivir, la piba cordobesa no pudo con la burocracia y la falta de sensibilidad de quienes le pusieron uno y mil obstáculos a ella y su familia.

¿Con qué equipo cuenta Argentina para sacar el país adelante?

Ser agradecidos mejora nuestra calidad de vida. Porque vivimos en comunidad y necesitamos de los otros. Y agradecer es una forma de valorar a los demás, de sentir y hacerles sentir que sin ellos nuestra vida sería menos agradable o peor aún de lo que es.

¿Los argentinos somos personas a las que nos gusta planificar?, ¿Nos sentamos en diciembre en la mesa familiar, charlamos sobre lo que nos pasó ese año, lo que hicimos bien y mal, lo que podemos corregir, y proyectamos lo que vamos a hacer el año próximo para mejorar la armonía familiar, los ingresos, las horas de placer y diversión? ¿O simplemente vivimos el día a día, a lo que vaya saliendo?