“Que no es lo mismo, pero es igual”. Como dice Silvio Rodríguez en su Pequeña Serenata Diurna, lo que hizo el presidente brasileño al nombrar ministro de Justicia a Ricardo Lewandowski, fue demasiado parecido a lo que hizo Jair Bolsonaro al nombrar en ese cargo a Sergio Moro.
Todas las encuestas mostraban que Lula da Silva iba a ganar las elecciones presidenciales del 2018, pero el juez de Curitiba lo sacó de la carrera electoral, encarcelándolo. Sin el líder del PT, el camino quedó allanado para el triunfo de Jair Bolsonaro. Y lo primero que hizo al asumir la presidencia fue convertir a Sergio Moro en su ministro de Justicia.
Fue una decisión impresentable porque reveló un entendimiento entre el magistrado que encarceló a Lula y el mayor beneficiado por ese fallo que modificó el escenario político: el ultraderechista Jair Bolsonaro.
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Del mismo acontecimiento surgió otra decisión impresentable: la de Lula designando para el mismo cargo al juez que jugó roles claves en la anulación de todas las condenas que pesaban sobre él y que lo habían llevado a la cárcel a través de los fallos de Sergio Moro.
El nuevo ministro de Justicia del Brasil fue miembro del Superior Tribunal Federal, la corte suprema del gigante sudamericano. Desde esa posición, tomó las decisiones que sacaron de prisión al líder del PT.
Precisamente por haber tenido aquel protagonismo, Lewandowski no era el indicado para ser ministro de Lula. Su nombramiento al frente de la cartera que ocupó el juez de Curitiba que allanó a Bolsonaro el camino a la presidencia, parece tener una naturaleza similar.
Existen diferencias. Moro fue nombrado de inmediato por Bolsonaro, mientras que pasó más tiempo para el nombramiento de Lwandowski. El nuevo ministro fue juez supremo, mientras que Moro no alcanzó la máxima instancia del poder judicial y tiene menos antecedentes académicos que el actual.
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Bolsonaro le dio al juez de Curitiba un súper-ministerio porque unió el de Justicia con el de Seguridad. Lewandoski es sólo ministro de Justicia. Además, como jurista, Lewandowski siempre había priorizado la defensa de los derechos y garantías de los procesados y los condenados, por lo tanto, sus decisiones que favorecieron a Lula no implicaron contradicción alguna en su carrera.
Pero en política, no sólo hay que ser transparente, sino también parecerlo. Mucho más en un país gangrenado de corrupción y tráfico de influencias. Por eso la decisión de Lula fue, como poco, una inmensa negligencia.
Quizá, no hubo un entendimiento entre el líder centroizquierdista y el prestigioso magistrado que como juez supremo lo benefició con sus dictámenes. Pero suena parecido. Y permite a sus críticos decir “que no es lo mismo, pero es igual”.



