“Eres un jodido loco. Si no fuera por mí estarías preso. Estoy salvándote el trasero. Por lo que haces, todo el mundo te odia. Y todo el mundo odia a Israel”.
Esto es lo único significativo, revelador, que ha dicho Donald Trump en los últimos meses en lo referido a Oriente Medio. Lo demás son frases disparadas a mansalva todo el tiempo. Anuncios que pronto quedan en la nada, afirmaciones que poco después son revertidas por otras afirmaciones. Marchas y contramarchas. Un batido de expresiones a veces grandilocuentes a veces contradictorias, pero siempre desconectadas de lo que está a la vista del mundo entero.
Ya a pocos les importa lo que dice Donald Trump sobre la guerra contra Irán o sobre los conflictos de Israel en Gaza, Cisjordania y Líbano. Pero la ráfaga de insultos y acusaciones que acaba de lanzar a Benjamín Netanyahu sí importa, y mucho, porque resulta revelador de muchas cosas.
Sobre todo, confirma lo que hemos sostenido desde estas columnas en Canal Doce desde un principio: Trump metió a Estados Unidos negligentemente en esta guerra por creer en las certezas de victoria absoluta y veloz sobre el régimen de Irán que le transmitió el primer ministro israelí, quién siempre logra hacerlo actuar de manera funcional, no a Israel, sino a sus propios intereses políticos y personales.

No tardó en darse cuenta que el escenario era mucho más complejo e impredecible de lo que le había descripto Netanyahu, pero ya era tarde para salir del conflicto sin daños políticos considerables. Por eso busca desde entonces una salida de emergencia que resulte decorosa. Que el régimen iraní acepte algunas imposiciones fuertes, visibles, considerables. El problema es que el régimen no cede.
Ni la fuerte crisis económica que agravó la situación de la sociedad iraní ni la destrucción sufrida en una gran cantidad de instalaciones militares y estratégicas causadas por los bombardeos norteamericanos, está teniendo la consecuencia buscada por Trump en la teocracia persa. El régimen ni se derrumba ni capitula y se muestra dispuesto a pagar su sobrevivencia haciendo grandes concesiones.
En ese marco, que Netanyahu haga su propia guerra en Líbano desconectándose de las órdenes que le da el presidente norteamericano para que el conflicto con Hezbolá no complique las negociaciones Washington-Teherán acabó sacando de quicio a Donald Trump.
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El mundo está viendo que el primer ministro de Israel no responde a las necesidades políticas de Trump, no cumple las órdenes que le da el jefe de la Casa Blanca y mueve sus fichas en el tablero bélico del Levante sin deparar en que son contraproducentes para las negociaciones que lleva adelante Washington.
La suma es que Trump no sólo fracasa en imponer sus condiciones a Irán; fracasa también con Netanyahu. Y es en el marco de esa frustración que descargó sobre el primer ministro israelí una frase que resulta imprescindible: “Por lo que haces todo el mundo te odia; todo el mundo odia a Israel”.
Eso es lo que ve Europa, Canadá, la mayoría de los norteamericanos y la mayor parte de los países y sociedades del mundo, incluido la mayoría de los israelíes. Pero se niega a aceptar el gobierno de Netanyahu y los socios extremistas de ese gobierno.
Es en alguna medida cierto que “si no fuera por mí estarías preso”, como le dijo Trump a Netanyahu, aunque no logró que el presidente de Israel Isaac Herzog le diera al primer ministro el indulto que le reclamó. Que Netanyahu le deba tanto a Trump y que lo mismo lo perjudique tan gravemente en lugar de ayudarlo a salir del laberinto en el que metió a Estados Unidos, es lo que generó la explosión de bronca y sinceridad del jefe de la Casa Blanca.

Lo único lúcido, lo único importante, lo único lúcido, lo único útil que dijo Trump en estos meses de deriva bélica en Medio Oriente, es “todo el mundo te odia, todo el mundo odia a Israel”.
En el caso del país creado en 1948, no será “todo el mundo” el que lo hace blanco de odio. Pero está claro que Israel pasó de ser un país admirado en las primeras cuatro décadas de su existencia, a un país cuestionado a escala global. Gran parte del mundo repudia los pogromos contra cisjordanos que impulsa Netanyahu a través de colonos fanáticos y violentísimos. Gran parte del mundo repudia la guerra de tierra arrasada que masacró decenas de miles de civiles gazatíes y dejó esa población a la intemperie.
Aunque no lo vea el gobierno israelí ni los poderosos lobbies que le responden en el mundo y actúan para silenciar las críticas, el coro de repudio es tan fuerte y global, incluyendo a gran parte del judaísmo de la diáspora y a la mayoría de los israelíes, que pocas realidades resultan tan claras como el aislamiento internacional y el daño en la imagen de Israel que ha causado Benjamín Netanyahu.
El mayor daño que ese país haya sufrido en toda su historia.


