Megalomanía y perversión asoman en las nominaciones que Donald Trump le da a los días en los que gana una elección, asume la presidencia y pone en marcha una política que marca un nuevo ciclo.
El tiempo dirá si su aplicación masiva de aranceles a los productos de todo el mundo benefician a la economía y reordena positivamente el comercio mundial, o provoca un caos global y en el mediano plazo termina siendo perjudicial para la propia economía norteamericana. Lo que se puede ver de inmediato es lo que revela del presidente de los Estados Unidos el nombre con que bautizó el día en que inició esta era de proteccionismo.
Para el magnate neoyorquino, el día que derrotó a Joe Biden, el que inició su segundo mandato y este 2 de abril, cuando entró en vigor su política de aranceles masivos y proteccionismo, merecen ser llamados “Día de la Liberación”. O sea, igual que como se acordó en llamar al 8 de Mayo de 1945, día que evoca y celebra la capitulación incondicional del nazismo, poniendo fin a la industrialización del asesinato en los campos de concentración.
Aquel Día de la Liberación acabó el infierno en Buchenwald, Bergen Belsen, Dachau, Treblinka, Auschwitz y demás espacios donde habitó el mal absoluto, la más siniestra expresión de la crueldad.
Llamar Día de la Liberación al lanzamiento de una nueva era de proteccionismo en el comercio internacional parece una broma de humor negro. La minimización de lo que simboliza el lado más oscuro de la condición humana. También una deformación de la historia y de la realidad.
Con ese nombre se llamó al día que concluyó una guerra mundial, mientras que Trump llama de ese modo a lo que Europa define como la declaración de una guerra comercial mundial y Canadá considera el inicio de “una guerra híbrida”.
Las democracias liberales que han sido hasta hace poco las más estrechas aliadas de Estados Unidos, son los primeros blancos de los misiles arancelarios que dispara el presidente para “liberar” su país del “yugo” que habría padecido hasta este martes.
Según el relato trumpista, el mundo entero y, particularmente, las democracias desarrolladas del norte occidental, fueron sanguijuelas succionando la riqueza de los Estados Unidos. A través de ese monóculo ultraconservador, el siglo 20 y lo que va del 21 se ven como una sucesión de abusos comerciales y financieros cometidos contra la economía norteamericana por sus más estrechos aliados y por el resto del mundo. La superpotencia occidental no sólo no se benefició del orden económico existente, sino todo lo contrario.
De ser acertada la visión de Donald Trump y su movimiento ultraconservador, ¿cómo se explica que Estados Unidos se haya convertido en superpotencia mundial precisamente en el período aludido como un siglo de sometimiento y empobrecimiento?
Mientras se convertía en el país más poderoso, con la industria más desarrollada y la sociedad más opulenta del planeta, Estados Unidos era un país sometido, abusado y expoliado. Pero Trump lo emancipó de sus abusadores este 2 de abril, de ahora en más el “Día de la Liberación”.
El jefe de la Casa Blanca reemplaza la realidad evidente por una versión absurdamente alterada. A la historia que impone firmando disposiciones comerciales en el Despacho Oval, la desmiente el sentido común. Sólo quienes hacen de sus fobias una posición política y buena parte de las generaciones nacidas a partir de la última década del siglo 20, que eligen desconocer la historia, son indiferentes con el mundo en marcha, habitan las aldeas ideológicas que se forman en las redes y se vuelven adictas a las teorías conspirativas, pueden no indignarse con el uso que Trump da al concepto Día de la Liberación. Primero lo usó para señalar el día de su victoria electoral el año pasado. Después el día de la asunción de su segundo mandato y ahora al día en que aplica aranceles masivos para que no ingresen productos importados a los Estados Unidos.
Sólo una oscura superficialidad puede usar para eso el mismo nombre que en la historia denomina el día que se apagaron los hornos crematorios de los campos de exterminio y fue derrotado el expansionismo cruel y genocida del supremacismo ario.
¿Primero “liberó” a los norteamericanos de la tiranía comunista de Joe Biden y ahora los libera del sistema de explotación que les impuso el mundo? ¿No suena a desmesura?, ¿a deformación de la realidad producida por una egolatría patológica?
Trump está imponiendo un nuevo orden económico y un nuevo orden geopolítico. El primero comenzó ayer, con políticas arancelarias que tienen un antecedente en la historia norteamericana: el presidente William McKinley implementó un proteccionismo similar entre el último año del siglo 19 y el primero del siglo 20. Sus resultados fueron buenos en el corto plazo, pero a la bonanza la devoraron las contraindicaciones que aparecieron en el mediano plazo.
Trump también se identificará con McKinley en el expansionismo, ya que aquel presidente anexionó las islas Hawaii además de ocupar Guam y Puerto Rico en la guerra contra España, inspirándose a su vez en James Polk, antecesor que anexó Texas, California, Utah, Nuevo México, Arizona, Nevada y partes de Wyoming y Colorado, además de comprar Óregon a los ingleses.
El nuevo orden económico y geopolítico, requiere que Trump continúe en el poder después de este segundo mandato, a pesar de la enmienda que lo prohíbe. Ergo, depende de que el líder ultraconservador pueda degradar en autocracia a la democracia norteamericana. Si eso ocurre, es posible que en el futuro se establezca otro “Día de la Liberación”: el que marque el fin de la era Trump.