Las protestas llevan dos semanas resistiendo una brutal represión. Las prisiones se van colmando de activistas y manifestantes apresados y los muertos se cuentan de a cientos en las calles de Teherán, Tabriz, Shiraz y decenas de ciudades más.
Las manifestaciones que detonó una fuerte devaluación del rial, la enflaquecida moneda iraní, alcanzaron el punto en que la demanda es la caída del ayatola Alí Jamenei, lo que implica reclamar el fin de la teocracia que creó el ayatola Ruholla Jomeini.
En las aguas turbulentas de este país golpeado por las sanciones económicas y por la derrota que sufrió en la reciente Guerra de los Doce Días, intenta nuevamente pescar desde el exilio Reza Pahlevi, el aspirante a recuperar el trono que perdió su padre por la revolución islamista de 1979.
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Tenía 19 años cuando se tuvo que ir de Irán con su padre, Mohammad Reza Pahlevy, y su madre, la emperatriz Fara Diba. Su única chance está en ser visto por los iraníes como un factor de unidad en la diversidad que abarca la disidencia. Pero sería una salida triste. El abuelo del actual aspirante a reinstalar el trono, es Reza Sha, un militar al que los británicos pusieron en el trono tras derrocar con un golpe de estado al rey Ahmad Shah Qayar.
El fundador de la dinastía Pahlevi pronto mostró su simpatía con Hitler y su Tercer Reich, por lo que británicos y soviéticos lanzaron una invasión que lo hizo abdicar el trono en favor de su hijo, Mohammad Reza, quien además de haber colaborado con la CIA y el MI-6 (la inteligencia militar británica) en el golpe de 1953 contra el primer ministro elegido democráticamente Mohamed Mosadeq, no tardó en convertirse en un déspota que intentó imponer con criminales represiones su “revolución blanca”: la occidentalización forzosa de la sociedad iraní.
Ese pasado está demasiado oscurecido de ilegitimidad, traiciones, entreguismo y despotismo brutalmente represivo, como para que el descendiente de esa opaca dinastía aspire a liderar Irán.

La pregunta del momento es qué hará Donald Trump para cumplir con su palabra de que si se producía alguna muerte por la represión Estados Unidos intervendría para defender al pueblo. Ya va más de medio millar de muertos por la brutal represión de las fuerzas policiales y las fuerzas de choque Basij pero no está claro que Trump tenga un plan para cumplir con su advertencia a la teocracia persa sin asumir riesgos de empantanarse en un conflicto de alta complejidad para su resolución. Y van más de tres semanas sin que el aparato represivo haya doblegado a las multitudes que prevalecen en las calles.
No obstante, en el pasado hubo protestas que duraron meses y, finalmente, sucumbieron a la persistencia del régimen y sus fuerzas de represión.
Así ocurrió cuando el fraude que mantuvo al recalcitrante ultraconservador Mahmud Ahmadinejad en la presidencia a pesar de haber sido derrotado en las urnas por el reformista Husein Musavi y también cuando las masas volvieron a las calles por la muerte de Mahsa Amini a manos de la policía de la moral.
La diferencia con las protestas actuales, es que estás han ido incrementando la violencia en los choques contra los comandos Basij y la policía.


