Es un golpe relevante. El ataque contra el cartel Jalisco Nueva Generación causando la muerte de su líder máximo, Nemesio Oseguera, alias “el Mencho”, es el primer gran éxito en ese terreno del gobierno que preside Claudia Sheinbaum. Un éxito que le da oxígeno en el asfixiante trato con Donald Trump, porque la operación de las fuerzas mejicanas se hizo con colaboración de Estados Unidos, seguramente a través de la DEA.
Washington había ofrecido una recompensa de quince millones de dólares por información que posibilite la captura o la muerte de “el Mencho”. Jalisco Nueva Generación no es un cartel más, porque además de drogas, es el principal traficante armas en la región, y porque introduce en estados Unidos cocaína, heroína, metanfetaminas y fentanilo, esta última droga es el gran azote que hace estragos en la sociedad norteamericana.
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Por eso, para Washington el cartel de Jalisco no es sólo una mafia narco, sino una “organización terrorista” a la que considera tan peligrosa como ISIS y Al Qaeda.
El imperio montado por Mencho en Jalisco, así como la mafia narco de la vecina Sinaloa, y la pasividad del gobierno mexicano frente a esas organizaciones, llevó a Trump a amenazar a México con una intervención directa del ejército norteamericano en el norte del país vecino.
Como la muerte de Mencho Oseguera en una acción mexicano-estadounidense fue percibida como el comienzo de una ola de ataques similares contra los demás cárteles, estalló una ola de violencia narco que no sólo afectó a Jalisco sino también a Michoacán, Tamaulipas, Guanajuato, Colima y Zacatecas.
La muerte de Nemesio “el Mencho” Oseguera es equivalente a lo que fue la muerte en 1997 de Amado Carrillo Fuentes, el llamado “Señor de los Cielos”, jefe del cartel de Juárez que murió en un quirófano donde lo estaban operando para cambiar su rostro.
Un golpe tan resonante como fue la captura del Chapo Guzmán y luego de sus hijos y también jefes del cártel de Sinaloa, Ovidio Guzmán López y Joaquín Guzmán López, así como también a las caídas de Ismael Zambada y sus hijos.
De todos, si algo demuestra la historia es que las sucesivas decapitaciones de los cárteles nunca terminan con la más poderosa industria exportadora de Latinoamérica: el narcotráfico.


