Ya transcurre el quinto año de la guerra que comenzó con la invasión masiva que lanzó Rusia contra Ucrania.
Rusia ya tenía presencia camuflada en el Este de Ucrania y desde el 2014 ocupaba la Península de Crimea. Pero hace cuatro años las tropas rusas ingresaron masivamente por el Este y por el norte del país atacado. Por el norte, los rusos entraron desde Bielorrusia por varios puntos de la frontera. Desde el punto más al Oeste, ingreso una interminable caravana de blindados y camiones con tropas, que avanzó hacia Chernobil y, desde allí, hacia la capital, Kiev, dejando en claro que el objetivo ruso era ocupar el país entero, sacar al gobierno y decidir más tarde si incorporar a Rusia la totalidad de Ucrania, o sólo la mitad oriental del territorio, convirtiendo a la parte occidental en un país vasallo de Moscú con un régimen títere de Moscú.
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Pero en las afueras de la capital ucraniana, los invasores encontraron un dispositivo de defensa que funcionó a la perfección y diezmó a las tropas rusas, poniéndolas en retirado y recuperando a renglón seguido los territorios del norte.
Ese comienzo que sorprendió a Rusia, alentó a Ucrania. El Kremlin replanteó la operación entera y concentró la totalidad de sus fuerzas en el Este. Desde allí se lanzó a la conquista de Mariupol y Jarkiv, logrando la ocupación de ambas ciudades. Pero a Jarkiv, segunda ciudad más importante y ex capital de Ucrania, el ejército local logró recuperarla.
Eso dio al primer año de la guerra un saldo que parecía favorable al país invadido y generó triunfalismo en Kiev. Pero tardó demasiado en preparar la gran ofensiva destinada a recuperar los territorio ocupados en el Este y al segundo año de la guerra lo marcó el fracaso de ese intento ucraniano. Cuando Kiev lanzó sus fuerzas hacia el Este, los rusos ya habían construido un sistema de fortificaciones y minado inmensas extensiones del Donbás, impidiendo el avance de las fuerzas ucranianas.
En términos militares, el tercero y cuarto año se caracterizaron por el estancamiento del conflicto. Ucrania no pudo recuperar territorios y Rusia pudo avanzar demasiado poco, a pesar de tener la ventaja que obtuvo gracias a Donald Trump, quién ni bien llegó a la presidencia cortó los suministros de armas y municiones a las fuerzas ucranianas.
Ese empantanamiento generó tensiones en las fuerzas invasoras, precipitando el rompimiento del Grupo Wagner con el generalato ruso. Yevgueni Prigozhin, el CEO de esa poderosa compañía rusa de mercenarios, llevó sus tropas hacia Moscú procurando derribar a los altos mandos militares y ponerse él al frente de la maquinaria bélica. Pero Vladimir Putin eligió ponerse del lado de sus generales, obligó a Progozhin a replegarse y más tarde el jefe mercenario murió en un “accidente” aéreo, dejando la inmensa y justificada sospecha de que en realidad fue asesinado por orden del jefe del Kremlin.
El cuarto año de guerra acaba de concluir, con Ucrania debilitada por el corte del suministro de armas y municiones que le aplicó Trump. El gobierno ucraniano ya se ha resignado a perder territorios, pero se resiste a aceptar la pretensión de Putin: que le entregue también los territorios del Dombas que aún están bajo control de Ucrania.
Putin posa triunfal, pero sabe que en los últimos tres años de guerra ha podido avanzar sobre porciones ínfimas de territorio, y al alto de precio de cientos de miles de bajas en sus filas.
En todo caso, al mayor mérito lo tiene Ucrania, que con un ejército numéricamente muy inferior al ruso y también con menos armamentos y sin poder aéreo para atacar en profundidad a Rusia en su propio territorio, se ha mantenido en pié y a llegado al quinto año de una guerra que Vladimir Putin creyó podía concluir con una victoria total suya en sólo dos o tres semanas.
Rusia está agobiada militar y económicamente por esta guerra y carece de fuerzas para conquistar al menos la mitad del territorio que estaba en sus planes incorporar al mapa ruso. Pero también Ucrania está lo suficientemente agobiada militar y económicamente como para poder recuperar la totalidad del Dombas, Doniestk, Lugansk y Crimea.
A cuatro años del inicio de esta guerra, el tablero geopolítico noroccidental ha cambiado dramáticamente. Ucrania ha sido el escenario en el que quedó totalmente y crudamente expuesta la desconexión de Estados Unidos con Europa y con Canadá, decidida por Donald Trump. El jefe de la Casa Blanca alejó a la principal potencia occidental de sus principales aliados en el último siglo, para acercarla a la Rusia de Vladimir Putin, con quien se identifica ideológicamente en el conservadurismo extremo y en la concepción geopolítica global.