En los últimos días, las noticias sobre la guerra en marcha pasaron de describir los demoledores golpes que recibía Irán, a las presiones que crecen sobre la Casa Blanca para que Donald Trump finalice cuanto antes este conflicto que está haciendo estragos en la economía global.
Esas presiones no son sólo externas. En la sociedad, la prensa y otros espacios de formadores de opinión, crece aceleradamente la impaciencia y los señalamientos de improvisación, falta de estrategia y ausencia de planes del magnate neoyorquino que gobierna la mayor potencia mundial.
Peor aún: la impaciencia y los cuestionamientos ya se escuchan dentro del partido Republicano y en las bancadas republicanas del Congreso.
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En los últimos días, en Estados Unidos y en el mundo creció la sensación de que, planteada como está, esta guerra puede terminar con un resultado mejor para el régimen que para los gobiernos de Trump y de Benjamín Netanyahu.
Colaboró en eso un atentado que parece relacionado: el choque deliberado de una camioneta o colectivo contra una sinagoga norteamericano, con su conductor disparando un arma desde algún escondrijo que encontró. Ese atentado acrecentó el temor a que se multipliquen en el mundo los ataques contra blancos judíos y norteamericanos.
Es difícil saber de cuánto arsenal dispone aún el régimen iraní para mantener sus ataques con misiles y drones. La pregunta es quienes aguantarán más tiempo haciendo esta guerra ¿los fanáticos líderes de Irán escondidos en sus búnkeres y gatillando desde allí su poderosa artillería, o el presidente de Estados Unidos y la corte de adulones que parecen haber sacado malos cálculos sobre el conflicto.
El que resista más sin pedir que le tiren la toalla (negociar un alto el fuego lo más decoroso posible) será el que salga, sino vencedor, al menos mejor parado de este tembladeral.
Lo que necesita el régimen iraní es seguir vivito e imperando cuando haya terminado esta guerra. En cambio, por los objetivos que se plantearon y anunciaron, Trump y Netanyahu necesitan que el régimen haya dejado de existir o se haya rendido rogando no recibir el tiro de gracia a cambio de convertirse para Washington en una versión chiita y persa de Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, el general Padrino López y el resto de la humillada y servil dictadura chavista.
¿Cuál de las partes enfrentadas está más cerca de alcanzar la meta que se propuso en esta guerra? Esa es la pregunta cuya respuesta es esperada con creciente impaciencia en el mundo y en la sociedad norteamericana.