En la cúpula del PT muchos no entendieron la decisión de Lula da Silva. En el partido del presidente siempre hay quienes promueven una fórmula enteramente petista, con presidente y vice de la fuerza política de la centroizquierda brasileña. Ese sector ya está resignado a la estrategia de Lula, de formar coaliciones que no sean puramente centroizquierdista ni incluya solamente al centro, sino que abarquen desde la centroizquierda hasta la centroderecha. Por eso el primer compañero de fórmula de Lula fue José Aléncar, un empresario centroderechista que pertenecía al Partido Republicano Brasileño (PRB), una fuerza del conservadurismo religioso que había sido creada por pastores de la Iglesia Universal.
En su primer mandato generó una amistad con su vicepresidente, por eso cuando fue por la reelección lo volvió a poner como candidato a vice. Varios dirigentes del PT se quejaron por la reiteración de la fórmula y recién callaron sus críticas cuando Lula y Alencar volvieron a ganar.
Como líder del PT, Lula influyó para que se mantenga su idea de coalición con la centroderecha. Por eso Dilma Rousseff llevó a la vicepresidencia al conservador Michel Temer.
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El PT perdió contra el ultraderechista Jair Bolsonaro cuando a la fórmula no la hicieron uniendo centroizquierda y centroderecha, como siempre propuso Lula, sino uniendo al PT con el Partido Comunista. Fernando Haddad fue el candidato a presidente por el PT y los acompañó como candidata a vice Manuela D’Avila, dirigente del PCdoB. El resultado fue la derrota frente al candidato del ultra-conservadurismo.
El PT volvió al poder otra vez con Lula y su forma de establecer coaliciones. Llevó como compañero de fórmula al actual vicepresidente, Geraldo Alckmin, ex gobernador de Sao Paulo que viene del liberal centroderechista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que había liderado su mentor, Fernando Henrique Cardoso.
Ahora, que Lula va a las urnas de octubre en busca de la reelección, repite la fórmula con la que venció y sacó del poder a Jair Bolsonaro. Y muchos en su entorno y en el escenario político no entienden bien esa decisión, porque el contrincante es Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente y tan ultraconservador como su padre.
Las últimas encuestas muestran a Lula cabeza a cabeza con su principal desafiante, y en algunos sondeos aparece Bolsonaro Jr. Por encima del actual presidente.

Por eso muchos esperaban que, para las elecciones de octubre, Lula eligiera como candidato a vice a alguna figura de la derecha más dura. Muchos en esa vereda levantaban la mano ofreciéndose para acompañar al líder del PT en una fórmula que fuera desde la centroizquierda hasta la derecha, para poder vencer a la ultraderecha que expresa Flavio Bolsonaro.
Para desconcierto de buena parte del oficialismo, Lula volvió a elegir a Alkmin como vicepresidente.
Lula está cerca de los 81 años y Alckmin ya tiene 74, suma de edades que podría resultar perjudicial a la hora de enfrentar al senador Bolsonaro, de sólo 45 años. La edad era otra razón para que el veterano líder del PT buscara una fórmula equilibrada en términos de edad, con candidato o candidata a vice joven.

Pero Lula repite lo que hizo en su primera reelección: dar prioridad a la amistad que construye con su vicepresidente. En aquel momento fue con Alenkar y ahora es con Geraldo Alckmin el vicepresidente con el que generó una amistad, un fuerte apoyo mutuo.
Las urnas dirán en octubre si vuelve a resultarle beneficioso priorizar la amistad y la confianza, o si tienen razón los que sugieren un candidato a vice que sea joven y esté claramente a la de Alckmin, para competir con el joven candidato del ultraconservadurismo.



