Fue una jugada cinematográfica. La legión de funcionarios y periodistas que abordaron en Turquía el avión presidencial, pensaban que con ellos viajaba el presidente. Pero instantes antes del despegue, Donald Trump había sacado del Aire Force One en un contenedor de los que abastecen las aeronaves de comidas y bebidas. En ese artefacto lo trasladaron secretamente a la nave en la que, finalmente, emprendió viaje hacia Reino Unido, donde se unió al vuelo oficial.
¿A qué se debió la insólita estratagema? A que la CIA había detectado un posible plan iraní para asesinar al jefe de la Casa Blanca. La pregunta es qué pensarán los funcionarios y periodistas que volaron en el avión presidencial, al enterarse que al presidente lo habían evacuado porque temían que ese vuelo fuera atacado con misiles antiaéreos o desde aviones cazabombarderos iraníes.

La jugada fue salvar al presidente, sólo al presidente y nada más que al presidente. Por lo tanto, de haber ejecutado Irán su plan, podrían haber muerto pilotos, tripulación y pasajeros del Aire Force One.
De esto tendría que estar hablando todo Estados Unidos. También de que la CIA ha detectado que la VEVAK (Servicios de Inteligencia y Seguridad del Gobierno iraní) y la OI (aparato de inteligencia del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, se disponen a cumplir lo que anunció a través de los voceros del régimen Moqtada Jamenei sobre que la teocracia persa va a vengar la muerte del anterior líder supremo, Alí Jamenei, asesinando a los dos máximos responsables de su muerte: Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
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El primer ministro israelí lleva años en la mira del régimen de los ayatolas. A Trump lo amenazaron de muerte por primera vez cuando ordenó el asesinato del comandante de la Fuerza Quds, general Qassem Soleimani, destrozado por drones norteamericanos en el aeropuerto de Bagdad en enero del 2020.
Pero aquello fue una amenaza mientras que lo planteado por el actual liderazgo iraní no fue una amenaza si no una sentencia. Algo que no tiene la fuerza inexorable de una fatwa, dictamen religioso como el que dictó Ruholla Jomeini para que el escritor Salman Rushdie sea asesinado por haber escrito el libro Versos Satánicos, pero es mucho más que una amenaza.
La CIA lo entiende así. Por eso pergeñó la jugada cinematográfica por la cual, si el régimen de Irán realizaba su ataque, Trump sobrevivía, aunque hubieran muertos las cientos de personas que creían viajar con él.



