Proclamar al Estrecho de Ormuz “territorio norteamericano” como acaba de hacer Donald Trump, es una muestra más de la deriva del presidente norteamericano en la guerra contra Irán.
Hasta el momento, lo único claro es que el régimen teocrático y criminal que impera sobre los iraníes no sólo no ha sido derrotado, sino que además puede mostrarse como el ganador de la contienda bélica, mientras el jefe de la Casa Blanca suicida la poca credibilidad que le queda a su palabra diciendo cosas de las que se desdice y haciendo anuncios que no se corresponden con la realidad.
Lo que el mundo está viendo es que la guerra con la que Trump prometió destruir el régimen iraní en dos o tres semanas, lo ha fortalecido en la región y en el mundo. Mientras que las marchas y contramarchas del jefe de la Casa Blanca sólo le sirven a quienes multiplican sus fortunas especulando con las caídas y trepadas del precio de los hidrocarburos precisamente por la guerra que se desarrolla en la yugular del petróleo.
Los países árabes aliados de Washington siempre se sintieron protegidos por las bases militares norteamericanas que albergan en sus territorios, pero desde que comenzó esta guerra han comenzado a verlas como lo que las hace blanco de los constantes bombardeos iraníes a sus territorios, algo que nunca antes había ocurrido.
El sultanato de Omán, el más antiguo de los estados árabes, siempre fue un confiable aliado de Estados Unidos, hasta que esta guerra y la apropiación del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, generó negociaciones que lo llevaron a la vereda de la teocracia chiita persa.
Igual que en la guerra de Vietnam, en este conflicto la victoria y la derrota no se piden por la destrucción y las muertes causadas en cada una de las partes, sino por otras variables que, hasta el momento, favorecen claramente al régimen iraní.
La incontinencia verbal de Trump es parte de la ventaja que han tomado el estado persa. Pasó en un santiamén de elogiar la lealtad omaní con Washington, ha decir que si sigue Omán jugando a favor de Irán en el Estrecho de Ormuz va a bombardear el sultanato “hasta hacerlo mierda”.
Lo grave es que, mientras el tiempo pasa y el conflicto se prolonga con sus efectos negativos en la economía global y en el bolsillo de los norteamericanos, han comenzado a escucharse voces que en los pasillos de la Casa Blanca hablan de posibles ataques nucleares contra Irán.
Trump necesita derrotar al régimen, pero ya sabe que esa posibilidad no existe en el marco de la guerra convencional. Por eso ha comenzado a rondar el Despacho Oval la descabellada y criminal idea de lanzar misiles nucleares.
De momento, eso no es más que un delirio que ronda las mentes más afiebradas de la administración Trump. Algo casi improbable que ocurra. Pero escuchar al presidente de los Estados Unidos anunciar cosas absurdas, como la declaración de que el Estrecho de Ormuz es territorio norteamericano, al mismo tiempo que intenta reducir los ensayos militares conjuntos con Corea del Sur para agradar a un líder totalitario demencial como el norcoreano Kim Jong-un, muestran que la principal potencia mundial deambula extraviada en un laberinto, conducida por un personaje desconectado de la realidad y rodeado de obsecuentes incapacitados para las funciones que ocupan.



