El recuerdo de los grandes líderes de la centroderecha que marcaron la historia de la Alemania post II Guerra Mundial, está resquebrajándose en las urnas germanas. Adenauer, Helmuth Kohl y Angela Merkel pierden peso en la conciencia de los alemanes. Sobre todo los más jóvenes. La última señal es el abrumador triunfo del partido neonazi en Sajonia-Anhalt.
El partido extremista Alternativa Por Alemania (AdF) obtuvo más del doble de los votos que la centroderechista CDU (Unión Cristiano-demócrata), obteniendo 39 de los 83 escaños del Landtag (parlamento regional). Los conservadores moderados que responden al canciller Frederich Mertz deben decidir ahora si bloquean un gobierno ultraderechista en ese estado, o si le permiten al vencedor, Ulrich Sigmund, formar el primer gobierno del extremismo neonazi en un Lander de la república federal.
El riesgo de bloquear la formación de un gobierno ahora podría implicar la repetición de los comicios, con el riesgo de que AdF alcance la mayoría absoluta que ahora no alcanzó en el Landtag. Ocurre que sumando los votos del CDU a los del SPD (partido socialdemócrata) y de los verdes (ecologistas) no alcanza para formar un gobierno de centro, por lo que habría que repetir la elección y, dado el resultado obtenido este domingo, cabe suponer que AdF crecería en lugar de contraerse.
Hoy, lo que parece más probable es que Ulrich Sigmund gobierne Sajonia-Anhalt, abriendo las puertas de Alemania a un abismo regresivo al peor momento de su historia.
La propuesta de AdF para Sajonia-Anhalt incluye revisar la visi´pon que dan los textos escolares sobre Hitler y el nazismo. También establecer una suerte de apartheid racial en las escuelas y también apartheid para los niños y jóvenes con discapacidades.
Por supuesto que la agenda de Sigmund incluye la deportación en masa de inmigrantes, medidas contra el feminismo y contra la diversidad sexual, además del negacionismo sobre el cambio climático y la derogación de las políticas establecidas para contener el calentamiento global.
Esas propuestas explican por sí solas por qué Der Spiegel, el semanario más importante y de mayor tiraje del país y uno de los más grandes de Europa, calificó a Ülrich Sigmund como “el hombre más peligroso de Alemania”.
Es revelador de la ola que recorre el mundo que este exitoso ejemplar neonazi sea admirador de Vladimir Putin y de Donald Trump. Pero lo más oscuro es que las urnas muestran, en el país más rico y desarrollado de Europa, que las sociedades occidentales actuales, y en especial sus jóvenes, pueden deslizarse fácilmente hacia el peor de los extremismos, como si desconocieran los mayores horrores de la historia, o como si los consideraran aceptables.
En síntesis, una señal más de las sombras oscuras que acechan presente y futuro de las democracias liberales.

