Donald Trump no cree que Moqtada Jamenei esté muerto. Según el presidente norteamericano, resultó gravemente herido en el bombardeo del 28 de febrero en el que murió su padre, el hasta entonces líder supremo iraní Alí Jamenei. Lo mismo piensan muchos observadores y líderes de todo el mundo.
Por cierto esa es la versión del régimen iraní, recientemente explicitada por un miembro de la Asamblea de Expertos. Según dijo Mohsen Heidari, el hijo de Alí Jamenei sobrevivió al bombardeo en el que murió su padre. Fue trasladado a un hospital de Teherán gravemente herido, pero también ese centro médico fue bombardeado y destruido por ataques norteamericanos. Heidari asegura que Moqtada Jamenei fue rescatado con vida entre los escombros de ese nosocomio de la capital de Irán.
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La explicación del miembro de la Asamblea de Expertos sobre la elección del nuevo líder supremo, como también lo dicta el sentido común en el análisis político, deja abierta la posibilidad de que Trump haya sido un factor decisivo.
Ocurre que días después del bombardeo del 28 de febrero, el jefe de la Casa Blanca lanzó un mensaje amenazante al liderazgo iraní para que no elijan a Moqtada Jamenei como sucesor de su padre.
Según Heidari, la Asamblea de Expertos tomó su decisión bajo el influjo de la exigencia norteamericana que no elegir al hijo del líder abatido. Esto parece confirmar que fue una inmensa negligencia de Trump la que produjo el asenso de Moqtada al trono que había ocupado su padre. Los clérigos chiitas no podían aparecer ante los iraníes y ante el mundo como cumpliendo una orden de Estados Unidos. Por lo tanto, al exigir que no lo eligieran, fue el propio Trump el que puso a Moqtada en el punto donde debía situarse para ser elegido.
Por carecer totalmente de sentido autocrítico, el jefe de la Casa Blanca jamás cayó en cuenta de que fue precisamente él quien contribuyó a la elección de Moqtada, precisamente al intentar vetarlo. Que fue por su negligencia de no ver que su advertencia al régimen eliminaba cualquier otra alternativa que no sea quién él quiso dejar fuera de competencia.
El hecho es que habría sido el propio Trump quien ayudó a que el más fanático de los organismos del régimen, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) pudiera presionar a la Asamblea de Expertos para que elija al postulante más cercano a este brazo militar de la teocracia persa, según se desprende ya no sólo del sentido común del análisis político, sino de lo explicado por Mohsen Heidari, un notorio integrante del órgano de clérigos chiitas que elije al líder supremo.
Lo que todavía no está claro es si Moqtada está realmente vivo, o murió durante aquellos bombardeos.
Al cumplirse siete meses del ataque israelí-norteamericano que mató al ayatola Jamenei, su hijo y sucesor volvió a hablara a través de un mensaje escrito y leído por locutores de la televisión. En este nuevo mensaje supuestamente escrito por Moqtada Jamenei, vuelve a verse el sesgo intransigente y belicoso del CGRI.
Poco después, Trump volvió decir que él cree que el líder supremo está vivo. “Resultó gravemente herido, pero no creo que esté muerto”, dijo el presidente norteamericano. Y eso es exactamente lo que no debía hacer.
Es probable que Moqtada haya muerto en los bombardeos. Esa es la mejor explicación de que no haya dado a su país y al mundo ninguna prueba de vida, más allá de lo que dicen algunos altos círculos.
Por las heridas recibidas y por la fragilidad de su estado se entiende que no pueda mostrarse en público. El tema es que tampoco puede usar su propia voz en los mensajes que supuestamente él da. Ni su voz ni cualquier otra señal que pruebe que está con vida y en condiciones de gobernar Irán.
La lógica táctica y estratégica sería que Washington ponga en duda lo que afirma el régimen. Que explique lo imposible que resulta creer que haya sobrevivido al bombardeo, y con las facultades necesarias para liderar un país, mientras no haya pruebas creíbles de vida.
Poner en duda lo que el CGRI y el clero chiita afirma. Obligarlos a mostrar a Jamenei o dar pruebas fehacientes de que vive y es él quien efectivamente lidera. Porque si no lo prueban, el liderazgo iraní quedará bajo sospecha de engañar a su propio pueblo y al mundo.
Son muchas las señales de que la Casa Blanca y la cúpula de MAGA están baldías de lucidez y conocimiento para conducir un conflicto. Y las declaraciones de Trump sobre Moqtada, hace siete meses y ahora, lo confirman.