Finalmente, las principales figuras de la oposición, Alberto Núñez Feijoo y Santiago Abascal, lograron algo que llevan años reclamando: que se adelante la elección en España.
En rigor, también reclaman la renuncia lisa y llana de Pedro Sánchez, como parte de la convocatoria a una nueva elección. Lo que hizo el presidente es anunciar que el 29 de noviembre habrá elecciones para elegir un nuevo Congreso de los Diputados, ergo un nuevo gobierno de España.
¿Significa esto que los líderes del conservador Partido Popular (PP) y el ultraconservador Vox han derrotado al líder del PSOE y presidente del Gobierno?
No necesariamente. En todo caso, lograron ponerlo contra las cuerdas, pero que caiga a la lona es otro punto y aún no está claro que lo alcancen.
Ocurre que Pedro Sánchez ha demostrado en estos últimos ocho años ser astuto y tener siete vidas políticas, por lo menos, logrando sobrevivir a una serie de tembladerales. A eso suma una falta de escrúpulos que le da agilidad para las gambetas con que siempre elude los intentos de derribarlo de Núñez Feijoo y Abascal.
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Ahora, los líderes derechistas lograron emboscarlo al cabo de una suma de tembladerales que, hasta el momento, el líder del PSOE venía sorteando. Casos de corrupción como los que pusieron en el banquillo de los acusados a altas figuras del PSOE y del gobierno, como Santos Cerdán y José Luis Ávalos. El proceso de Begoña Gómez, su esposa, por malversación de fondos y tráfico de influencias, y el Ceuta, donde el ingreso de miles de marroquíes pidiendo permanecer en España provocó un sismo político de alta intensidad.
A eso se sumó la denuncia de irregularidades en el rescate financiero de la aerolínea Plus Ultra, que puso bajo la lupa a José Luis Rodríguez Zapatero. Si bien el ex líder del PSOE y presidente del gobierno entre 2004 y 2011, no forma parte de la gestión actual, es un allegado a Pedro Sánchez que en estos últimos años ha estado muy presente en los escenarios políticos del oficialismo. Eso hace que la denuncia contra él por el caso Plus Ultra impacte contra la actual gestión.
Pero no fue ninguno de esos casos el que llevó a Pedro Sánchez a adelantar a noviembre las elecciones que debían hacerse en julio del 2027. Fue el rechazo en el Congreso de los Diputados de los dos decretos que envió para enfrentar el más actual y sísmico tembladeral: el problema de los inquilinos que son desahuciados por no poder pagar el cada vez más altos precios de los alquileres de vivienda.

El “Caso Maricarmen” (desahucio de una anciana que habitó 71 años una viviendo pero ahora no le alcanza para pagar el aumentado alquiler) inundó de “indignados” y de inquilinos la Plaza del Sol.
Si el incremento de los alquileres y desahucios debido a que los propietarios prefieren no tener inquilinos sino arrendar sus inmuebles a turistas porque es más rentable llegó a tal nivel de gravedad, es porque el gobierno de Sánchez no había abordado a tiempo y en profundidad el problema. Pero las dos medidas de emergencia para resguardar a los inquilinos y poner un freno al precio de los alquileres, fueron rechazadas or los diputados del PP y de Vox, a los que se sumaron los representantes de Juntos x Cat, el partido catalanista de Carles Puidgemont, traicionando la coalición a la que hasta ahora habían apoyado.
Esto abre un chance a Pedro Sánchez, quién podría haber elegido dar ahora el paso que tanto le reclamaban desde tembladerales anteriores. Ocurre que el momento le da argumento a una campaña electoral en la que el líder del PSOE salga a culpar al PP y a Vox de lo que esos partidos evidentemente hicieron: tumbar en el hemiciclo de Las Cortes dos decretos que habrían generado inmediato alivio a los inquilinos.
El 29 de noviembre, a la hora del escrutinio, se sabrá si el astuto Pedro Sánchez pudo gambetear una vez más a sus más furiosos críticos, o esta vez son esos dirigentes que tanto lo odian, quienes logran el objetivo que buscan desde hace años.



