La primera reacción fue el desconcierto ¿Cómo entender que quien hasta horas antes era candidato presidencial en una segunda vuelta, de repente se convirtiera en prófugo al huir del país?
Por cierto, es posible considerar negligente la orden de entregar sus pasaportes que emitió el Superior Tribunal federal de Justicia. Podría haber esperado al menos un par de días. Aún así, no fue una orden de captura, sino la que se toma normalmente contra personas imputadas que cuentan con muchas posibilidades de salir del país cuando lo deseen.
Eso explica que ninguna voz significativa en la derecha de Brasil justificara la fuga de Flavio Bolsonaro. El presidente del Partido Liberal, al que pertenece el clan Bolsonaro y por el que Flavio fue candidato presidencial, visitó al padre en su prisión domiciliaria y, al salir de ese encuentro, dejó en claro que nadie en esa fuerza política aprobó la carta del prófugo ni fue avisado de su intención de abandonar Brasil.
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Siempre es el candidato el que reconoce una derrota, pero el domingo 25 tuvo que ser el partido del candidato derrotado el que salió a admitir el resultado, previendo que el plan de Flavio era otro.
El Partido Liberal y los demás partidos derechistas que para la segunda vuelta dieron su apoyo a Bolsonaro, se distanciaron claramente de las acciones del prófugo. Ninguno lo definió como un perseguido político que no tuvo más alternativa que huir.
Tampoco los gobiernos derechistas y ultraderechistas de Latinoamérica tomaron distancia de las acciones, silencios y pronunciamientos de Flavio Bolsonaro. Sólo el gobierno argentino quedó pegado al candidato prófugo.
Todos los demás líderes derechistas de la región (el chileno José Antonio Kast, la peruana Keiko Fujimori, el ecuatoriano Daniel Noboa, el paraguayo Santiago Peña y el colombiano Abelardo de la Espriella, además del salvadoreño Nayib Bukele y el hondureño Tito Asfura) reconocieron el resultado y felicitaron al ganador: Lula da Silva.
Javier Milei no pudo hacerlo porque había transgredido líneas rojas llegando a puntos sin retorno: romper las reglas de la diplomacia y la institucionalidad internacional insultando groseramente al presidente que logró la reelección con una victoria histórica.