El juicio a Oscar González tuvo este miércoles una audiencia centrada en la conducta del exlegislador antes, durante y después de la tragedia de Altas Cumbres. En el octavo día del debate en Villa Dolores declararon psicólogas forenses y peritos vinculados a la causa por homicidio culposo agravado y lesiones culposas agravadas.
Las miradas más fuertes llegaron con los testimonios de Graciela Bruera y Alejandra Morchio, psicólogas forenses, que expusieron evaluaciones diferentes sobre la personalidad del imputado y su forma de manejar el 29 de octubre de 2022.
Bruera planteó que, a partir de la lectura del expediente y de los testimonios, se podía inferir en González una personalidad con “rasgos egocéntricos, omnipotentes y narcisistas en una base psicopática”. Aclaró que se trataba de una probabilidad, ya que no se le realizó una batería completa de pruebas psicológicas.
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La profesional sostuvo que, tras el choque, el exlegislador habría priorizado comunicarse con familiares y resguardar pertenencias como bolsos, licencias, llaves y celulares. “Él primero se ocupó por resolver su situación”, afirmó, y agregó que varios testigos se sorprendieron por la tranquilidad que mostraba.

Bruera también vinculó esos rasgos con su forma de conducir en Altas Cumbres. Mencionó la omnipotencia como “la creencia de que todo le es posible” y la asoció con una conducción que describió como temeraria en una geografía “altamente riesgosa”.
En una de sus frases más contundentes, concluyó que González presentaría “una personalidad con rasgos psicopáticos y narcisistas con un coeficiente intelectual alto, asociado a una carencia de empatía”. Luego remarcó: “Cree que tiene derecho a todo, que está por encima de todo, inclusive de las leyes”.
Conclusiones opuestas
Morchio, en cambio, tomó distancia de esa conclusión. Si bien analizó las mismas actuaciones del expediente, sostuvo que no surgían datos suficientes para hablar de un patrón recurrente de comportamientos. “No es posible configurar en el señor González un perfil que dé cuenta de un mecanismo de la estructura de personalidad”, señaló.
La psicóloga sí advirtió un comportamiento disruptivo vinculado a su modo de manejar. Ante una pregunta de la fiscal Analía Gallaratto, explicó que González conocía el camino y que eso pudo haber generado “un relajamiento de su conducta” y “una sobrevaloración de sus posibilidades”. Lo resumió como un “exceso de confianza”.

También respondió a la querella que, al estar en pleno uso de sus facultades, González podía conocer el riesgo de conducir de determinada manera. Bruera fue más tajante sobre ese punto: “De acuerdo a lo que describieron los testigos, su conducción fue temeraria”.
Ante la pregunta de si el imputado pudo representarse un resultado fatal por su forma de manejar, las dos profesionales volvieron a diferenciarse. Bruera sostuvo que una persona con esa estructura “puede darse cuenta de lo que ha hecho, pero no se hace cargo”, mientras que Morchio evitó hablar de psicopatía y planteó que el exceso de confianza pudo llevarlo a minimizar los riesgos.
Hacia la etapa final
Además de las psicólogas, expusieron Marcela Scarafia y Rocío Calvo, peritos oficiales de la evaluación psicológica a las víctimas, junto a los médicos forenses Edgardo Paredes y Joaquín Bastet y el perito de control Tomás Campillo. Los profesionales analizaron las secuelas en Alexa y Marina, las jóvenes que sobrevivieron a la tragedia.
El juicio continuará el 21 de agosto con nuevas declaraciones en una etapa cada vez más cercana a los alegatos y al veredicto. La instancia decisiva quedará postergada para septiembre.



