Este viernes, en el estudio de Es Mi Sueño, un papá decidió correrse del centro de la escena para que brillara su hija y el resultado fue pura emoción.
Maximiliano Vera, exfutbolista, se presentó en el programa con una intención muy distinta a la del resto de los participantes. No fue por él. Fue por Paulina, su hija de 11 años, a quien quiso impulsar a seguir su pasión por la música. “Estoy enamorado de mi hija y se nota el don que Dios le ha dado. Por eso vine, para entusiasmarla a que pueda mostrar su talento”, explicó, con una mezcla de orgullo y nervios.
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Para cumplir su misión, se animó a un clásico del cuarteto: Yerba Mala, de Rodrigo Bueno. La interpretación fue el primer paso, pero lo que vino después terminó de quebrar cualquier distancia. Al finalizar, Vera no pudo contener las lágrimas: “Todo esto es por ella. Lo único que quiero es vivir por Cristo y para mi hija”, dijo, visiblemente conmovido.

El clima ya era especial, y lo que siguió lo convirtió en inolvidable. “Ojalá que Paulina y todos nuestros niños sepan lo que hacemos por ellos. Los padres vivimos por nuestros hijos. Lo que hacés es muy valiente”, le reconoció Carlos Baute desde el jurado.
Entonces llegó el momento que nadie esperaba. Los jurados le preguntaron a la pequeña si se animaba a subir al escenario. Paulina no dudó pero fue por más: pidió compartir ese instante con Abel Pintos.

La escena que siguió tuvo de todo: ternura, emoción y hasta risas. Mientras la niña se animaba a desplegar su voz junto al artista, Guido Kaczka se sentó en la mesa del jurado y jugó a evaluar la performance, sumando un toque distendido a un momento cargado de sentimiento. El final fue un estallido de aplausos, abrazos y lágrimas.



