Los cuadernos de tapa telaraña son un símbolo indiscutido de la escuela en Argentina. Rojos, azules o verdes, forman parte del paisaje cotidiano de las aulas y acompañan a chicos y chicas desde hace décadas, casi sin cambios en su estética.
Aunque muchos los usaron alguna vez, pocos saben de dónde proviene ese diseño tan característico. Según especialistas, el origen se remonta a principios del siglo XX, con la aparición del llamado papel telaraña.

El origen de un diseño que no pasa de moda
En sus inicios, el papel glassine era utilizado por recolectores de insectos para conservarlos en buen estado durante las expediciones. Con el tiempo, ese material comenzó a popularizarse en Estados Unidos como papel para forrar libros y cuadernos, y su patrón terminó convirtiéndose en un sello visual.
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Más adelante, el papel fue reemplazado por tapas duras impresas, que mantenían el diseño de telaraña ya incorporado. El dibujo no solo disimulaba rayones y manchas, sino que también ayudaba a proteger mejor las hojas del interior. Resistente, plastificado y duradero, el cuaderno de tapa telaraña se consolidó como un ícono indiscutido de las aulas argentinas.



