Durante 11 años, la rutina de Víctor Díaz transcurrió entre tareas rurales exigentes y jornadas interminables en un campo donde había poco descanso. En paralelo a ese esfuerzo cotidiano, empezó a usar TikTok como una ventana para mostrar escenas reales de la vida en el ámbito rural, registros simples que con el tiempo captaron la atención de miles de personas.
El crecimiento de esos contenidos no tuvo el mismo efecto puertas adentro. La decisión de exponer su trabajo en redes sociales generó malestar en su entorno laboral y derivó en una desvinculación abrupta, sin compensación económica. El episodio tomó mayor dimensión cuando difundió un video en el que se despedía de su perro antes de abandonar el lugar, una imagen que despertó empatía y multiplicó la repercusión.
La difusión fue inmediata y el respaldo del público se hizo sentir. En pocos meses, su perfil sumó más de un millón de seguidores y su experiencia comenzó a circular, abriéndole un camino inesperado fuera del trabajo rural.
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El nuevo proyecto
Con esa visibilidad, Víctor apostó por un proyecto propio junto a su compañera y lanzó una marca dedicada a la comercialización de ropa y accesorios. El nombre se transformó en un sello que rápidamente encontró respuesta en el conurbano bonaerense.
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El crecimiento no se detuvo ahí: en el mismo espacio, ubicado en la localidad de Ezeiza, incorporó una barbería para ampliar su actividad comercial. El acompañamiento de su comunidad le permitió alcanzar una meta que antes parecía lejana, como adquirir un terreno propio, y cerrar una etapa con una convicción clara: resurgir desde el trabajo.



