Vecinos de barrio Residencial Santa Ana, en la ciudad de Córdoba, denunciaron una ola de inseguridad que los tiene preocupados. Según contaron, en apenas un mes desvalijaron tres casas con el mismo modus operandi: los llamados romperejas.
En El Show del Lagarto, distintas víctimas relataron los hechos y reclamaron más presencia policial en la zona. Aseguran que los delincuentes estudian los movimientos de las familias y aprovechan los momentos en los que las viviendas quedan solas.
+ VIDEO: el relato de los vecinos asaltados en barrio Residencial Santa Ana:
El relato de los vecinos
Una vecina contó que los ladrones habían estado en una habitación del fondo de su casa, que funciona como un pequeño departamento. “Yo ni los escuché. Cuando corro la cortina veo a uno en cuclillas que va hacia la casa”, relató.
La mujer dijo que alcanzó a gritarle a su nieto y que, al escucharla, el delincuente escapó. “Dejaron todas las cosas que prepararon para robar. Iban a robarme una bandeja de milanesas frizadas y unas ollas de acero inoxidable”, agregó.
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Otro vecino aseguró que a él le entraron a robar en apenas 15 minutos, mientras llevaba a su novia al trabajo. “Tardaron nueve minutos en ingresar. Te estudian los movimientos, vemos gente y autos que están dando vueltas, te miden los tiempos para aprovechar e ingresar”, afirmó.
El hombre señaló que otro hecho ocurrió en una plaza cercana, donde robaron a punta de pistola a las 17. También cuestionó la falta de respuestas oficiales: “La respuesta que tuvimos del Ministerio de Seguridad es que Ojos en Alerta no llega hasta acá. Dependemos de la Comisaría 19”.
Otro vecino resumió la preocupación del barrio: “Ya no les importa el horario ni si la gente está o no en la casa”.
Una mujer relató uno de los episodios más violentos. Contó que entró a su casa un viernes a las 23:10 y, minutos después, se le aparecieron dos personas desde una habitación. “Me tiran al piso, me llevan al living, ahí veo que por el pasillo aparecen dos más, eran cuatro”, dijo.
La víctima aseguró que la tuvieron una hora, la ataron y la golpearon. “Me pedían plata, dólares y después se hicieron transferencias desde mi celular”, relató.
Además, sostuvo que mientras estaba atada sentía que alguien desde afuera les pasaba información sobre sus movimientos. “A partir de ahí empecé a sentir que hubo un aumento de inseguridad”, lamentó.