La vida de Nicolás Aakeson cambió para siempre después de un violento robo en su kiosco de Alta Gracia. El comerciante aseguró que, tras aquel episodio en el que baleó a un ladrón, quedó “psicológicamente destruido”, perdió su trabajo formal y ahora está al borde de cerrar el negocio.
El asalto ocurrió en la madrugada del 23 de marzo, cuando un delincuente entró al local armado con un puntazo y exigió dinero. Aakeson había ido a cerrar el comercio porque su esposa estaba sola y era de madrugada. Reaccionó ante el ataque y le disparó con una pistola Bersa 380, hiriendo al ladrón en el rostro.
+ VIDEO: el momento del disparo en el kiosco:
El drama después del robo
El hecho generó fuerte indignación en Alta Gracia y en distintos puntos de Córdoba. Sin embargo, el kiosquero contó que desde entonces su situación personal y económica empeoró de manera drástica.
“Psicológicamente destruido, tengo ataques de pánico, ansiedad, depresión”, enumeró Aakeson en diálogo con ElDoce.tv . Además, explicó que lo despidieron de la empresa en la que trabajaba mientras estaba de licencia.
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“Lo único seguro que tenía era mi trabajo en una empresa en Córdoba y me despidieron estando de licencia”, lamentó.
A eso se sumó un problema de salud familiar que agravó todavía más el cuadro: “A mi esposa le encontraron un tumor y me quedé sin obra social cuando me despidieron”. La pareja tiene tres hijos de 10, 5 y 2 años y espera cobrar la indemnización de la fábrica donde trabajaba Nicolás.
Aakeson aseguró que la situación económica se volvió insostenible. “Estoy fundido, me daba miedo trabajar y se me empezaron a juntar deudas”, expresó. Según detalló, acumula deudas por unos 60 millones de pesos y está cerca de cerrar el kiosco.
Sin ayuda al kiosquero pero sí al ladrón
El trabajador cuestionó no haber recibido ayuda estatal después del asalto. “La Municipalidad de Alta Gracia no se acercó a nada sabiendo la situación que atravesamos”, reclamó.
En ese sentido, comparó su caso con la asistencia que recibió el asaltante tras resultar herido, a quien el Ministerio de Salud provincial le pagó la costosa prótesis maxilar que debieron ponerle. “Al ladrón le pagaron prótesis y todo”, cuestionó Aakeson.
Ahora, el comerciante pide ayuda para poder sostener a su familia y evitar el cierre definitivo del local que además impactará en tres empleados. También espera recuperar algo de estabilidad mientras atraviesa las consecuencias psicológicas, económicas y familiares que dejó el violento episodio.
Para colaborar
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