Una británica de 21 años vive un verdadero drama desde hace casi diez años por un accidente doméstico que le cambió la vida para siempre. Cuando tenía 12 años, sufrió quemaduras de tercer grado luego de usar un shampoo antipiojos inflamable, sin saber el riesgo que implicaba.
El hecho ocurrió en Yorkshire, Inglaterra, durante las fiestas de Navidad de 2016. Aleema había regresado del colegio pupilo y su madre notó que tenía piojos, por lo que le aplicó el producto y, minutos después, la joven fue a la cocina a desechar el envase.
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Al pasar cerca de una hornalla encendida, el shampoo reaccionó y las llamas envolvieron su cabello y su cuerpo. “Mi madre empezó a gritar, yo no entendía qué estaba pasando. Al principio no sentí dolor porque era mi pelo el que estaba en llamas”, recordó la joven en una entrevista reciente.
El fuego avanzó rápidamente hacia el cuero cabelludo y ahí comenzó el dolor más intenso. “Las llamas llegaron al cuero cabelludo y sentí un dolor insoportable”, relató sobre los segundos más dramáticos del accidente.
Meses en coma y cirugías extremas
Aleema estuvo desmayada unos 30 segundos y fue su hermana quien logró apagar el fuego con una campera. Fue trasladada de urgencia a un hospital y quedó internada en terapia intensiva con quemaduras de tercer grado en la mitad del cuerpo.
Permaneció 60 días en coma y luego pasó nueve meses más internada, atravesando múltiples intervenciones quirúrgicas. “Mis padres me pidieron que no me mirara al espejo porque estaba muy diferente. Me ayudaron a prepararme y, cuando finalmente me vi, ya había imaginado lo peor”, contó.

Secuelas de por vida
Como consecuencia de las cirugías reconstructivas, perdió siete dedos y tuvo que aprender nuevamente a caminar, hablar y alimentarse. El proceso de recuperación fue largo y doloroso, tanto en lo físico como en lo emocional.
Hoy, con 21 años, Aleema continúa sometiéndose a operaciones con injertos de piel y convive a diario con las secuelas de aquel accidente. Su historia volvió a tomar relevancia luego de mostrar públicamente las marcas que le dejó un producto que jamás imaginó que podía ser tan peligroso.



