Tras más de dos décadas de incertidumbre y dolor condenaron en Japón a Noriyuki Iimori, el hombre que asesinó a su sobrina de 6 años y escondió por décadas el cuerpo en un canasto que rellenó con cemento.
Esta semana el hombre recibió una condena de solo ocho años de prisión ya que el jurado tuvo en cuenta su contexto social y su notable arrepentimiento ante el crimen.
La víctima, Reina Iwamoto, había desaparecido entre fines de 2006 y comienzos de 2007. Su paradero fue un misterio durante años hasta que, en febrero de 2025, la policía encontró sus restos en una casa. El cuerpo de la nena estaba dentro de una especie de contenedor improvisado.
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De acuerdo con la investigación, Iimori estaba a cargo del cuidado de la niña. En medio de un episodio de violencia, la golpeó brutalmente, provocándole heridas que derivaron en un shock traumático que le causó la muerte. Según declaró su ataque de furia se originó debido a que “la niña no le hacía caso”.
Tras el crimen, el hombre ocultó el cuerpo dentro de un canasto que luego rellenó con cemento para evitar que fuera descubierto.
Según se conoció durante el proceso, al principio la relación entre el hombre y la menor era distante, pero con el tiempo la niña llegó a encariñarse con él, incluso llamándolo “papá”.