Una mujer de 33 años vivió más de dos décadas con dolores severos sin un diagnóstico claro hasta que finalmente descubrió que padecía una enfermedad que había avanzado durante años sin tratamiento. Se trata de Melissa Diamond, quien comenzó a sufrir síntomas a los 12 años, tras su primera menstruación.
“El dolor era tan intenso que faltaba a la escuela y a las actividades regularmente”, contó en una entrevista con la revista People.
Años de dolor sin respuestas
A lo largo de su vida, Melissa consultó a distintos médicos, pero en todos los casos recibió respuestas similares: le indicaban tomar anticonceptivos sin profundizar en el origen del problema.
A los 14 años le detectaron un quiste en el ovario que fue extirpado, pero los dolores continuaron. Con el tiempo, su cuadro se agravó con síntomas como calambres debilitantes, problemas estomacales, hinchazón, dolor de espalda y síndrome premenstrual severo.
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“Todos los médicos me dijeron que no había nada malo, que solo necesitaba volver a tomar anticonceptivos”, recordó. Incluso cuando ella misma planteó la posibilidad de tener síndrome de ovario poliquístico o endometriosis, su ginecólogo lo descartó.
El diagnóstico que tardó dos décadas
Recién a los 32 años, una médica sugirió que podía tratarse de endometriosis y la derivó a un especialista. El diagnóstico se confirmó tras estudios y una cirugía en la que los médicos encontraron que la enfermedad estaba extendida en múltiples órganos.
“Extirparon 23 lesiones. Estaba en mi pared pélvica, intestinos, vejiga y recto. Algunas tenían 20 años de antigüedad”, detalló. El impacto emocional fue enorme: “Estaba increíblemente enfadada y asustada. Pensé en todos los médicos que me dijeron que no tenía nada”.
Hoy, Melissa decidió contar su historia para visibilizar la enfermedad y ayudar a otras mujeres. “No estás sola. Hay millones de mujeres lidiando con esto. Tenemos que ser ruidosas en un mundo donde muchas veces somos silenciadas”, concluyó.