La muerte de Isak Andic, fundador de Mango y una de las personas más ricas de España, dio un giro inesperado en la Justicia. El empresario de 71 años murió en diciembre de 2024 al caer durante una ruta de montaña en Collbató, Barcelona, mientras hacía senderismo junto a su hijo Jonathan.
Aunque el caso fue investigado inicialmente como un accidente, la causa fue reabierta meses después. Ahora, la jueza que lleva adelante la investigación considera que hay indicios de que Jonathan Andic, de 45 años, habría tenido una “participación activa y premeditada” en la muerte de su padre.
Según el auto judicial, la principal sospecha apunta a una supuesta “obsesión con el dinero” y al temor de que el fundador de Mango modificara su testamento para destinar parte de su fortuna a una fundación de ayuda social.

La magistrada sostuvo que Jonathan ejercía una “manipulación emocional” sobre su padre para alcanzar objetivos económicos. También remarcó que, aunque el investigado negó tener conflictos con Andic, sus mensajes de WhatsApp demostrarían que el dinero era el principal motivo de la mala relación.
De acuerdo al expediente, el hijo mayor del empresario llegó a pedirle a su padre una herencia en vida que este “se vio obligado a aceptar”. Además, la jueza señaló que a mediados de 2024 Jonathan supo que Andic tenía intención de cambiar el testamento para crear una fundación destinada a “personas necesitadas”, lo que habría generado un “cambio notable” en el vínculo entre ambos.
En ese contexto, el empresario habría aceptado una excursión propuesta por su hijo con la intención de hablar a solas e intentar una reconciliación.
Las contradicciones que complican al hijo
El auto judicial también apunta a una serie de contradicciones en el relato de Jonathan. Una de ellas está vinculada a sus visitas previas al camino de montaña donde murió su padre.
Aunque el investigado habría negado haber estado allí unas dos semanas antes, la geolocalización de su vehículo lo ubicaría en la zona los días 7, 8 y 10 de diciembre de 2024.}
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La jueza también se basó en las conclusiones de la unidad de montaña de la policía catalana. Según ese informe, para generar una pisada similar a la hallada tras la caída era necesario hacerla al menos cuatro veces en ambos sentidos, mediante una acción “deliberada” y ejerciendo presión sobre el suelo.
Otro punto bajo análisis es la llamada al servicio de emergencias. Según la magistrada, Jonathan dijo primero que creía que su padre había caído por un barranco, pero luego modificó la versión y afirmó que él iba delante, escuchó un ruido de piedras y, al girarse, vio a Andic gritar y caer.

Además, la investigación menciona que el hijo del empresario cambió de teléfono el 25 de marzo y borró el contenido del anterior. Según le dijo a su secretaria, el celular había sido robado en Quito durante un viaje realizado entre el 24 y el 26 de marzo, justo cuando trascendían noticias sobre la reapertura de la causa.
La postura de la familia
Pese a las sospechas judiciales, fuentes de la familia afirmaron tener un convencimiento “absoluto” de la inocencia de Jonathan Andic.
También aseguraron que “no existen ni se hallarán pruebas de cargo legítimas contra él” y se mostraron “seguros de que el desarrollo de las diligencias así lo demostrará”. En ese sentido, pidieron que se respete el principio de presunción de inocencia mientras avanza la investigación.
Jonathan Andic quedó en libertad tras pagar una fianza de un millón de euros. La causa continúa abierta y la Justicia busca determinar qué ocurrió realmente aquel 14 de diciembre de 2024, cuando el fundador de Mango cayó al vacío durante una caminata junto a su hijo en las afueras de Barcelona.



