Otra vez Trump exhibió las limitaciones de su intelecto. La reacción óptima que debió tener fue felicitar a Bad Bunny por el magnífico espectáculo que brindó en el entretiempo del Super Bowl. Sin referirse al contenido, o mensaje del show, sino a la calidad en términos artísticos.
Por cierto, hubiera estado claro que era un cumplido, pero habría sido una buena forma de atemperar el sonido estridente del cachetazo que recibió del músico portorriqueño, en el espectáculo central del deporte y la cultura norteamericana: el show artístico que siempre acompaña la gran final de la NFL.
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Menos óptimo, pero también aceptable, habría sido que el presidente guarde silencio. Pero mostró nuevamente su falta de “control de esfínter” mental y, con su absurda descalificación (“fue uno de los peores de la historia”) no hizo más que resaltar el mensaje que salió de ese estadio repleto del que se hicieron eco cientos de artistas relevantes y formadores de opinión pública.
Según el jefe de la Casa Blanca, el show de Bad Bunny fue “una bofetada a nuestro país”. Sin embargo, a juzgar por la ola de elogios y reacciones favorables, la mayoría de los norteamericanos piensan que la “bofetada” a Estados Unidos es el propio presidente, con la despiadada cacería de inmigrantes, con el bullying racista que hizo al matrimonio Obama, con su protagonismo en las fiestas pedófilas de Jeffrey Epstein y con tantas otras opacidades y tropelías con que lleva un año degradando la democracia norteamericana.
El espectáculo del cantante portorriqueño lo que hizo fue resaltar uno de los rasgos más enaltecedores de Estados Unidos: la sociedad abierta al mundo que simboliza la estatua de la Libertad.
La grandeza norteamericana comenzó a construirse junto con la decisión de hacer una sociedad multicultural y multirracial. Y desde principios del siglo 20 es la nación que contiene más naciones, o sea el mayor crisol de razas y culturas de todo el mundo.
El resultado de esa apuesta, profundamente consustanciada con el progresismo liberal, es esta superpotencia económica, militar y cultural. Eso mostró Bad Bunny, aunque haciendo hincapié en que toda Latinoamérica está presente en la población norteamericana. Subrayó eso porque la cruel cacería humana con que Trump ensucia la imagen de los Estados Unidos ante el mundo, tiene como blanco a los inmigrantes que provienen de América Latina.