“Yo bloqueo, tu bloqueas, nosotros bloqueamos”. El verbo que llevan semanas conjugando Donald Trump y quien sea que tenga el poder real en Irán, sin que haber comenzado a conjugar el verbo desbloquear. Mientras tanto, las marchas y contramarchas que producen las negligencias y la improvisación de Trump junto con las jugarretas de un régimen tan retrógrado como astuto, mantiene la economía global naufragando en una crisis energética tremebunda.
Trump y Netanyahu se lanzaron a la guerra anunciando que destruirían definitivamente a la teocracia chiita que impera a fuerza de represión sobre los iraníes, pero hasta sólo han conseguido destruir buena parte de Irán y muchas vidas y hogares civiles. Al régimen que prometieron eliminar lo han fortalecido en la región y le han permitido mostrar un respaldo internacional como el que jamás había tenido.
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Todas las democracias noroccidentales, con la excepción de Hungría mientras la tuvo estrangulada el trumpista-putinista Viktor Orban, repudiaron lo que consideran una guerra ilegal iniciada por los gobernantes de Estados Unidos e Israel. Sólo dos inútiles abocados a salvar lo que les queda de poder pudieron lograr que un régimen criminal como el de los ayatolas persas esté siendo mundialmente visto como “víctima de una guerra ilegal”.
Cómo interpretar que Trump bloqueara el Estrecho de Ormuz para obligar a Irán a desbloquearlo, y después de que el régimen, en virtud de la tregua acordada, levantara su bloqueo sobre esa yugular del petróleo y del gas, el jefe de la Casa Blanca ordenara mantener el bloque norteamericano, logrando sólo que los iraníes restituyeran el que acababan de levantar.

Parecen trabalenguas, juegos de palabras, pero es la realidad de un conflicto entre un obtuso aspirante a emperador del mundo, un líder israelí que usa las guerras para refugiarse de las causas que lo llevarán al banquillo de los acusados, y una runfla de fanáticos oscurantistas que se mueven con astucia en esta guerra mientras ofrendan para el martirio a su propio pueblo.
En cuanto al presidente norteamericano, la incontinencia egolátrica que lo caracteriza lo lleva a arruinar lo poco que consigue. Para responder al océano de gente que en Estados Unidos y el mundo lo describe como una marioneta de Netanyahu, Trump gritó que el líder israelí cesará sus ataques en el Líbano porque él se lo ordenó. Y de eso modo hizo más frágil la de por sí fragilísima tregua alcanzada en Líbano.

A renglón seguido, cuando finalmente el régimen aceptó la tregua que él le reclamaba, el jefe de la Casa Blanca empezó a decir que la teocracia persa también había aceptado entregarle los dichosos cuatrocientos kilos de uranio enriquecido al 60 por ciento que quedaron enterrados en algún rincón de Bushehr.
Teherán salió a desmentir esa afirmación y Trump respondió dejando su bloqueo en Ormuz y diciendo que sus tropas entrarían a Irán con escabadoras para desenterrar y llevar a Estados Unidos ese tesoro nuclear. ¿Consecuencia? El régimen iraní volvió a estrangular la yugular de los hidrocarburos volviendo a provocarle asfixia a la economía global.
Nada se puede descartar en los días y semanas venideros. Pero hasta el momento, lo que está a la vista es un estropicio descomunal.



