Fue un paso inmenso quizá motivado por una razón pequeña. Israel reconoció el genocidio armenio, saldando una vieja deuda. Siendo gran parte de sus habitantes sobrevivientes del holocausto o descendientes de judíos exterminados en los campos de concentración nazis, tenía lógica esperar que el Estado israelí abrazara la causa armenia por el reconocimiento al exterminio sistemático de un millón y medio de personas perpetrado por el Estado turco en la segunda y terca década del siglo pasado.
La demora no tenía que ver con la falta de pruebas para dar ese paso histórico, sino por la relación con Turquía. Los gobiernos ataturkistas del siglo 20 tuvieron buenas relaciones con Israel, vínculo que se mantuvo hasta esta tercera década del siglo en curso. Para un Estado rechazado por sus vecinos árabes, que una potencia musulmana como Turquía mantuviera una buena relación era estratégicamente importante.
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Eso cambio en los últimos años, en los que el actual presidente turco, Reccep Tayip Erdogán fue tensando la relación hasta un punti límite con la ruptura. El presidente turco acusa a Israel de cometer genocidio contra los palestinos de la Franja de Gaza y, en ese punto, estaría la clave de esta decisión israelí de sumarse a los países que acusan a Turquía de haber perpetrado un genocidio contra la población armenia de Anatolia.
Una motivación política donde debió haber una razón histórica y humana. Pero amén de esa motivación mezquina, el paso es importante porque reduce la impunidad de un crimen monstruoso. El proceso contra los armenios había comenzado a fines del siglo 19, con las llamadas “masacres hamidianas”, que eliminaron a unos cien mil armenios entre 1894 y 1896, bajo el reinado del sultán Abdul Hamid II en el Imperio Otomano. Pero entre 1915 y 1923, el llamado régimen de los Jóvenes Turcos sistematizó el exterminio y aniquiló a un millón y medio de armenios.
La impunidad de ese crimen en masa es una mancha que se va borrando por el lento goteo de países que se suman a la admisión de que el Estado turco de aquel entonces cometió el genocidio cuyos sobrevivientes generaron la diáspora armenia que inundó occidente.
Para el gobierno de Netanyahu y sus socios fundamentalistas, el paso dado podría acrecentar la presión internacional por la muerte de decenas de miles de palestinos masacrados durante la última guerra en la Franja de Gaza.