Igual que en Perú, el electorado colombiano se dividió casi exactamente por la mitad entre dos candidatos extremos y caricaturescos.
Esa desmesura representa en Perú, por derecha, Keiko Fujimori y su insistencia con reivindicar el régimen de su padre hasta sus desbordes criminales, y por izquierda el exuberante Roberto Sánchez, reivindicando sin la menor autocrítica el gobierno fallido de Pedro Castillo.
En Colombia, la desmesurase refleja en el caricaturesco outsider millonario que sobreactuó libertarismo para llegar al poder surfeando la ola ultraconservadora en boga, Abelardo De la Espriella, y su oponente, Iván Cepeda, un izquierdista de manual.
La historia de Colombia transitó entre gobierno de centroderecha y gobiernos conservadores de derecha dura. Con Gustavo Petro, por primera vez llegó a la presidencia la izquierda. Y ahora, con el triunfo de De la Espriella se producen dos novedades juntas: por primera vez el gobierno será de ultraderecha y, también por primera vez, llega a la presidencia un outsider.
Si bien Gustavo Petro integró en su juventud la guerrilla Movimiento 19 de Abril (M-19), el proyecto gubernamental de aquella insurgencia era de centroizquierda y ese mismo rasgo tuvo la presidencia de Petro.
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La pregunta es si su sucesor en el Palacio de Nariño abandonará el discurso radicalizado cuando asuma el poder y gobernará desde una posición moderada, o intentará forzar los límites institucionales como hace en Estados Unidos el líder conservador al que idolatra: Donald Trump.

Gustavo Petro tuvo un talón de Aquiles en su propia personalidad, marcada por un ego escénico que agradaba a ciertos círculos de izquierda, pero molestaba a la centroizquierda en general y crispaba a la centroderecha. Pero su mayor debilidad estuvo en el acercamiento torpe que ensayó con Nicolás Maduro y por el fracaso de su intento de paz total, que fue burlado por el ELN y por la disidencia de las FARC.
El gobierno del partido centroizquierdista Pacto Histórico se hizo fuerte en las clases bajas, medias bajas y medias, donde crecieron los ingresos notablemente. Pero la mejora social fue acompañada por los efectos negativos de un déficit fiscal notable y peligroso.
Los ideologismos que abundaron en los discursos de Iván Cepeda no ayudaron a cerrar un drenaje de votos de las clases medias y medias bajas hacia el discurso de encantador de serpientes que enarboló De la Espriella.
Lo alarmante es que Cepeda, aunque tarde, intentó moderar su discurso y repitió muchas veces que su proyecto no alteraba en absoluto la matriz capitalista de la economía colombiana. O sea, el candidato de izquierda dio un paso hacia el centro, mientras que su aparatoso adversario derechista no hizo nada por moderar su discurso, tan llamativo y grandilocuente como su apellido italiano.
La mayoría de los medios titularon el resultado en Colombia como un giro a la derecha. Sin dudas lo es. Pero es probable que lo más revelador de este momento político sea la desaparición del centro y las divisiones de las sociedades en mitades casi exactas, entre candidatos que representan polos ideológicamente duros sin puntos en común ni posibilidad de entendimientos.


