En el 2017, catorces países de la región se unieron en un esfuerzo para aislar y debilitar a la dictadura que encabezaba Nicolás Maduro en Venezuela, con el objetivo de obligar a devolver la democracia a los venezolanos. Se lo llamó Grupo de Lima y tuvo entre sus líderes más activos al colombiano Alvaro Uribe.
Hoy, Javier Milei está empeñado en crear una agrupación de países unificado por objetivos. Pero lo pretende con una identidad ideológica homogénea y con metas que difieren con la que tenía el Grupo de Lima.
En el encuentro de presidentes de la región ocurrida en Perú, en ocasión de asumir la presidencia de ese país Keiko Fujimori, el presidente argentino intentó relanzar ese proyecto. Él habla de Bloque Azul y le ordenó a su canciller que organiza para antes de concluya el año una Cumbre Azul en la Argentina.
Al color, Milei lo eligió en contraposición al rojo, que identifica con la izquierda, pero sin tener en cuenta, o sin saber, que en Estados Unidos el rojo es el color que identifica al Partido Republicano, que expresa al conservadurismo, mientras que al partido de los progresistas, el Demócrata, lo identifica el color azul.
Probablemente, al color azul se lo recomendó su amigo ultraderechista español Santiago Abascal, ya que los batallones de voluntarios españoles que el franquismo sumó al ejército alemán con que Hitler atacó la URSS, se conocieron como División Azul.
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Como fuere, el bloque de países que intenta crear y liderar Milei tiene sustanciales diferencias con el Grupo de Lima. Aquel se proponía la liberación de presos políticos y la democratización de Venezuela, presionando por las mismas metas a regímenes como el cubano, mientras que el Bloque que pretende Milei agrupa a gobiernos ultraconservadores, cuyo objetivo no es debilitar al régimen chavista (hoy aliado de Washington por obra y gracia de Donald Trump), sino aislar y debilitar al gobierno de Lula da Silva en Brasil, al de Claudia Sheibaum en México y al de Mark Carney en Canadá, dejando como mensaje que lo mismo ocurrirá a cualquier otro gobierno de centroizquierda que surja en el continente americano. Pero fundamentalmente, en el blanco del Bloque Azul está Lula, el mayor desafiante sudamericano de Trump.
Ocurre que eso que muchos observadores y analistas definen como bloque de ultraderecha, tiene como principal objetivo alinear Latinoamérica con el liderazgo continental y global del magnate neoyorquino que ocupa el Despacho Oval. Milei es el representante regional del trumpismo continental. Por lo tanto, tendrá que usar ese bloque, en el caso de que logre crearlo y liderarlo como delegado del presidente norteamericano, para otra misión que le encargarán desde Washington: debilitar la influencia china en Latinoamérica. Y eso no será fácil.
La primera dificultad que tendrá Milei es que no logra entusiasmar a los gobernantes moderados. Se entusiasmaron el brasileño Flavio Bolsonaro y el colombiano Abelardo de la Espriella, ambos de derecha extrema, pero reaccionaron con cautela los presidentes centroderechistas de Paraguay, Santiago Peña y de Bolivia, Rodrigo Paz entre otros. Tampoco se entusiasmaron demasiado dos líderes del conservadurismo duro, la peruana Keiko Fujimori y el chileno José Antonio Kast, pero sus respectivos países tienen vínculos comerciales estratégicos demasiado profundos y beneficiosos con China como para que se dejen arrear por Trump n contra de esos intereses.
La meta que intenta Milei es difícil. Se trata de unir centroderechas y ultraderechas en un bloque con bandera ultra.
Esa es otra diferencia con el Grupo de Lima. Aunque terminó disolviéndose por su falta de resultados, había logrado estar más allá de lo ideológico. En 2017, cuando se formó, el presidente norteamericano era Barak Obama y no tenía capataces que hicieran cumplir sus órdenes en la región. Y la composición era multicolor, porque integraba desde un duro conservador como el colombiano Álvaro Uribe, con centroderechistas como Mauricio Macri y Michel temer, y centroizquierdistas como la chilena Michel Bachelet y el canadiense Justin Troudeau.
En cambio lo que pretende el presidente Javier Milei es monocolor y enemigo del centro.

