Los ojos de las Américas y del mundo están puestos en Venezuela. Para Latinoamérica, la catástrofe provocada por un doble terremoto fue como una cortina detrás de la cual siguieron sucediendo cosas que pasaron desapercibida a pesar de su relevancia.
Uno de esos acontecimientos relevantes ocurre en Bolivia, donde el gobierno de Rodrigo Paz, mientras muestra que sobrevivió a los bloqueos que pretendieron derribarlo, anuncia su decisión irrevocable de recuperar el control total de la región del Chapare, incluido el territorio que Evo Morales convirtió en su feudo y donde lo protege un verdadero ejército de cocaleros dispuestos a defender a sangre y fuego a su líder.
Al ex presidente no le queda otra alternativa que entregarse a la Justicia para ser juzgado por trata y violación de una menor, o presentar batalla en ese rincón de Cochabamba. Ya no hay un país gobernado por aliados que acepten recibirlo en calidad de refugiado o perseguido político. En Ecuador se ha diluido el correísmo y ni siquiera Rafael Correa puede regresar sin ir preso. Tampoco puede huir a Venezuela, porque si bien el régimen imperante es el mismo que él tuvo como más estrecho aliado, ahora ya no tiene como máxima autoridad al dictador Nicolás Maduro, sino a Donald Trump, que lo conduce a control remoto desde Washington. Y en Cuba, hoy por hoy, no puede estar seguro ni el mismísimo Raúl Castro.
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Solo Nicaragua podría llegar a ser un destino final, pero con el matrimonio dictatorial Ortega-Murillo no tiene una estrecha amistad.
Si el ejército del Estado boliviano ingresa al Chapare y avanza sobre su feudo cocalero, es posible que estalle un conflicto armado interno.
Paralelamente, en Brasil, aunque sin armas, estalló un conflicto que, aunque parece sólo de índole familiar, puede ser políticamente sísmico. El senador y candidato por el Partido Liberal (PL) Flavio Bolsonaro y su madrastra, la joven y bella Michelle Bolsonaro, protagonizan un choque que generó un tembladeral en el espacio liderado por el ex presidente que se encuentra en prisión.
La pulseada que Flavio y Michelle mantenían por el armado de las listas del PL, derivó en una fuerte discusión en la que el hijo de Jair Bolsonaro vociferó contra la ex primera dama. Lo más grave para la campaña electoral de Flavio, es que su agresivo ataque de furia fue hecho público por la propia agredida.
Según Michelle Bolsonaro, su hijastro y candidato presidencial por el espacio conservador le falto el respeto. Y que haya revelado públicamente el altercado podría ser una declaración de guerra, ya que ella sabe el impacto que eso tiene en la campaña electoral del PL.
Incluso hay en la dirigencia del PL quienes dicen que, con esa actitud, Michelle Bolsonaro parece dispuesta a derribar la carrera presidencial de Flavio para vencer a Lula.
¿Podrá Jair Bolsonaro, desde su celda, apagar este incendio que amenaza con derretir las chances de victoria de la ultraderecha?



