Una vez más, la violencia retórica del presidente argentino causó estupor en España. Pero esta vez, como sus insultos y descalificaciones llegaron al país europeo tras la difusión del video en el que Milei afirma que si millones de argentinos no llegaran a fin de mes, morirían de hambre y sed, el estupor fue aún más grande y explícito.
Tan grande, que hasta sus propios aliados españoles trataron de evitar encuentros públicos y fotos con él. Aunque hubo grandes esfuerzos por disimular, la impresión es que los líderes de Vox y su única aliada entusiasta en el PP, Isabel Díaz Ayuso, trataban al visitante argentino como si estuvieran jugando a la mancha venenosa.
A eso se sumó que, a diferencias de las negativas en visitas anteriores a concederle una reunión con el rey sin una reunión previa con el presidente del Gobierno, esta vez la Casa Real hizo que su rechazo a la solicitud de Milei se escuchara en toda España y más allá de la Península Ibérica.
Ocurre que el presidente argentino inició su visita diciendo que Pedro Sánchez es “un dictador impresentable” y reclamando que “echen a patadas a los socialistas del gobierno”, mientras insultaba a periodistas españolas que le hacían preguntas totalmente razonables.
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La prensa conservadora, como los diarios ABC y El Mundo, si bien comparten los cuestionamientos al gobierno del PSOE, ya han dejado en claro la infracción institucional inaceptable que implican los pronunciamientos insultantes del presidente argentinos cuando visita España.
En ocasiones anteriores daban mucho más espacio y centralidad al visitante argentino que el que le han dado ahora. Ocurre que las transgresiones del mandatario argentino son tan graves, que los medios conservadores empiezan a considerar que sus visitas y sus ataques al oficialismo resultan funcionales a la izquierda española.
En la guerra, el bombardeo de saturación implica el lanzamiento de una cantidad tan destructiva de bombas sobre áreas tan grandes y pobladas, que bloquea la capacidad de defensa y de respuesta de los blancos atacados.
En su séptima visita a España, Javier Milei descargó una vez más su arsenal de insultos, agravios e injerencias inaceptables en la política interna del país visitado, desbordando, como siempre, la capacidad de respuesta desde el análisis crítico, la argumentación razonable y el sentido común.
Pero esta vez, del bombardeo de saturación del presidente argentino se pusieron a resguardo sus propios aliados españoles.
Fue otra injerencia tan grosera y perturbadora en la política del país ibérico, que los líderes de Vox y la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso, no pudieron ocultar su necesidad de evitar encuentros públicos y fotos con Milei en la antesala del proceso electoral español.
Ya había ocurrido en ocasiones anteriores, pero sin que trascendiera, la negativa de la Casa Real a concederle la reunión con Felipe VI solicitada por el mandatario argentino. Ni siquiera un encuentro informal con el rey fue aceptado. Por cierto, se respondió con el argumento institucional de que en España no puede haber encuentro con el jefe de Estado sin uno previo con el jefe de Gobierno. Pero esta vez, el rechazo a la petición se dio en voz suficientemente alta como para que se escuchara más allá de la institución monárquica y de las fronteras de España.
Tanto el gobierno español como los periodistas de ese país se sintieron aludidos cuando Milei dijo que no perdía el tiempo con “estúpidos incompetentes zurdos empobrecedores”, pero es probable que todos se sintieran aludidos por la metralla verbal que el visitante disparaba a mansalva.
Como insultar disparando obscenidades contra panelistas y eventuales contertulios en los programas que amasan audiencia con griteríos, fue lo que lo visibilizó y le dio competitividad en un escenario político contaminado de corrupción y mediocridad, el exponente argentino de lo que el analista español José F. Peláez llama “infraderecha” convirtió la violencia verbal en su rasgo de identidad, incluso en la presidencia.
Sin embargo, está claro que ese instrumento no es un vehículo todo terreno para avanzar hacia el éxito. En el escenario institucional que ocupa, la violencia retórica de Milei resulta patética y peligrosa.
También resulta negativa para el propio presidente, que ahora mostró en España que, a esta altura, resulta un “abrazo del oso” para sus aliados europeos.